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CURIOSIDADES
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07·Curiosidades

Brasil apeló a su ADN mundialista, le remontó a Japón y demostró que no conviene darlo por vencido

Casemiro inició la reacción y Martinelli marcó el gol de la clasificación, tras la ventaja de Sano. En octavos se enfrentará al vencedor de Costa de Marfil-Noruega.

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Brasil apeló a su ADN mundialista, le remontó a Japón y demostró que no conviene darlo por vencido
Brasil apeló a su ADN mundialista, le remontó a Japón y demostró que no conviene darlo por vencido

Resumen para apurados

La historia decía una cosa y el partido, otra. Durante más de una hora, Japón pareció decidido a reescribir el guion que millones de fanáticos imaginaron alguna vez en Supercampeones, donde los "Samuráis Azules" lograban derrotar a la poderosa Brasil en una final inolvidable. En Houston, el conjunto asiático volvió a poner contra las cuerdas a la "Canarinha", pero esta vez la realidad eligió otro desenlace. Brasil remontó un encuentro que parecía perdido, derrotó 2 a 1 a Japón y avanzó a los octavos de final del Mundial gracias a una muestra de carácter que recordó por qué sigue siendo el único pentacampeón.

La clasificación dejó varias conclusiones. La principal es que el equipo de Carlo Ancelotti todavía está lejos de ofrecer un funcionamiento convincente, aunque posee una virtud que suele separar a los candidatos del resto: nunca deja de creer. Incluso en su versión más desordenada, encontró respuestas cuando el margen de error ya era inexistente.

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El planteo de Hajime Moriyasu rozó la perfección durante gran parte del encuentro. Japón defendió con una línea de cinco que mutaba a tres al recuperar la pelota, ocupó todos los espacios interiores y obligó a Brasil a depender casi exclusivamente de la inspiración individual de Vinicius Jr. Cada intento del extremo encontraba inmediatamente un dos contra uno que neutralizaba su velocidad y reducía considerablemente el peligro.

La ventaja japonesa llegó como consecuencia natural del desarrollo. A los 29 minutos, Kaishu Sano aprovechó una recuperación alta y sacó un derechazo inatajable para Alisson Becker. Más allá del remate, el gol expuso una de las principales debilidades brasileñas: las pérdidas en salida y la escasa coordinación defensiva cuando el rival aceleraba las transiciones.

Brasil lucía incómoda. Sin asociaciones, sin profundidad y con pocas respuestas colectivas, el equipo parecía depender exclusivamente de alguna genialidad aislada. Allí apareció la influencia de Ancelotti. El DT italiano modificó piezas, adelantó líneas y entendió que la única forma de romper el bloque japonés era cargar el área con más presencia física y liberar espacios para Vinicius.

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El cambio alteró completamente la dinámica. Antes del empate hubo dos avisos clarísimos: un cabezazo de Danilo que encontró una enorme respuesta de Suzuki y otra acción salvada prácticamente sobre la línea. Japón resistía como podía, pero el dominio territorial ya era absoluto.

El empate llegó a los 56 minutos y tuvo como protagonista a Casemiro, uno de esos futbolistas cuya influencia excede cualquier estadística. Ganó de cabeza tras un centro preciso y celebró con su ya famoso baile "Six Seven" antes de llevarse dos dedos a la nariz, un gesto que, según explicó meses atrás, simboliza que puede "oler el gol". La imagen recorrió rápidamente las redes sociales y se transformó en otro de los símbolos del partido.

Paradójicamente, el héroe pasó del festejo a la preocupación. Sobre el final debió abandonar la cancha con molestias en el aductor izquierdo, dejando una incógnita importante para lo que viene.

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El empate liberó definitivamente a Brasil. Vinicius estrelló un remate en el poste y Japón comenzó a retroceder cada vez más cerca de su arquero. Los asiáticos mantuvieron el orden, pero el desgaste físico empezó a pasar factura.

Cuando el alargue parecía inevitable, apareció otro rasgo característico de los equipos dirigidos por Ancelotti: la paciencia para encontrar el golpe final. Gabriel Martinelli recibió un pase quirúrgico dentro del área y definió cruzado para desatar el desahogo brasileño en tiempo de descuento.

Brasil sobrevivió cuando parecía condenado. No ganó desde el brillo ni desde la superioridad táctica, sino desde la convicción. En los Mundiales, muchas veces esa diferencia pesa más que cualquier sistema. La "Canarinha" sigue lejos de su mejor versión, pero logró avanzar de ronda y ahora espera por el ganador de Noruega-Costa de Marfil.

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