Crítica de "Insaciable"
Natalie Erika James convierte la obsesión por el cuerpo perfecto en una maldición sobrenatural tan perturbadora como incisiva.

Natalie Erika James convierte la obsesión por el cuerpo perfecto en una maldición sobrenatural tan perturbadora como incisiva.
Por Fran ChicoPara Fotogramas
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Natalie Erika James posee una habilidad especial para encontrar el punto tenebroso a nuestros fantasmas más cotidianos. En 'Relic', los demonios internos de una familia tomaban la forma de una casa que se degradaba al mismo ritmo que la memoria de su propietaria. En 'Apartment 7A', la ambición y las inseguridades abrían la puerta a fuerzas dispuestas a aprovecharse de ellas. 'Insaciable' dirige ahora esa mirada hacia el cuerpo, la falta de autoestima y unos cánones de belleza que convierten la relación con la comida y con una misma en una fuente constante de vergüenza.
Hana (Midori Francis) es una estudiante de Medicina obsesionada con adelgazar que encuentra una solución aparente milagrosa, aunque también tremendamente macabra. El método (mejor no desvelarlo aquí) parece funcionar, pero también provoca que una extraña presencia, un 'hungry ghost', se apegue a ella. Según la tradición budista, estos espíritus están condenados a padecer un deseo que nunca consiguen satisfacer, y eso enlaza con el deseo de Hana por adelgazar, sentirse atractiva y alcanzar una versión idealizada de sí misma que siempre parece permanecer un paso más allá.
'Insaciable', por lo tanto, pertenece a esa larga estirpe de películas de maldiciones en las que una presencia sobrenatural se aferra a su víctima como representación de un conflicto más profundo. Su funcionamiento resulta familiar: hay que descubrir qué se ha invocado, averiguar cuáles son sus reglas y encontrar la forma de librarse de ello. James no reinventa el mecanismo, pero demuestra una gran capacidad para dotarlo de una identidad visual y emocional propia, por mucho que algunos busquen comparaciones de más con 'La sustancia'. Ambas películas emplean el 'body horror' para denunciar la violencia de unos cánones estéticos que empujan a castigar y negar los cuerpos en busca de aceptación.
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Sin embargo, reducir 'Insaciable' a una prolongación del éxito de Coralie Fargeat sería injusto. James apuesta por un terror más íntimo y sobrenatural, relacionado con la vergüenza, la herencia familiar y la naturaleza insaciable del deseo. El mito del 'hungry ghost' aporta además una dimensión cultural y espiritual que merece no quedar opacada por la sombra de su referente más evidente.
La directora envuelve estas ideas en una estética tan atractiva como repulsiva. La comida, la carne y los fluidos son filmados de forma casi sensual, convirtiendo el placer en asco. Sin embargo 'Insaciable' pierde algo de fuerza en su tramo final. Después de haber construido con claridad su metáfora, insiste demasiado en explicar un mensaje que sus imágenes ya habían transmitido. La acumulación de reglas y revelaciones conduce hacia un desenlace algo caótico, en el que la película divaga más de la cuenta. Pero esa irregularidad no invalida la solidez de todo lo anterior. Puede que su fantasma funcione como tantos otros y que su discurso peque de insistente, pero su atmósfera, su puesta en escena y el formidable trabajo de Midori Francis impiden que la película sea devorada por sus referentes.
Para los que no pueden abandonar su dieta de 'body horror' con mensaje.
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