Dallas tuvo también su fiesta de samuráis y vikingos: cantos, disfraces y pasión para dos clasificados
Japón igualó 1 a 1 con Suecia y el estadio de Dallas fue una fiesta con la convivencia de culturas diferentes, pero unidas al mismo juguete mágico

Japón igualó 1 a 1 con Suecia y el estadio de Dallas fue una fiesta con la convivencia de culturas diferentes, pero unidas al mismo juguete mágico
Por Lucas Vitantonio (enviado especial)
AP
Japón y Suecia jugaron en Dallas y armaron su propia fiesta. Clasificaron a los 16avos de final del Mundial.
En el imponente estadio de Dallas, donde todavía está en el aire el doblete histórico de Lionel Messi ante Austria que decretó el paso a los 16avos final de la Scaloneta, jugaron un partido tremendo Japón y Suecia para definir las posiciones del Grupo F.
La Capital fue testigo de un duelo cargado de emoción entre dos culturas diferentes, pero unidas por el idioma universal del juguete mágico que es la pelota. Igualaron 1 a 1 y sus historias en el Mundial continúan.
Los goles llegaron en el complemento. Con el primer zarpazo de Japón con el tanto de arremetida de Maeda y la respuesta inmediata de Elanga con un golazo para igualar la chapa.
La selección de Japón fue local con una marea de camisetas azules en las tribunas, bien diferenciada en la paleta cromática del amarillo casi flúor de los suecos. Todos sentados prolijamente como los alumnos del colegio en un acto patrio, siendo más bulliciosos por cierto los europeos.
Ya en la previa la llegada prolija y hasta ordenada de ambas hinchadas al estadio marcó casi un abismo con el fervor y el ingreso en caravana bullanguera de los argentinos, cuando se consumó el triunfo albiceleste ante los austríacos.
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Ni que hablar lo que fue luego por dentro la caja mágica de Dallas, porque el ambiente fue menos bullicioso que cuando el pasado lunes Messi clavó el doblete para llegar a los 18 gritos y ser el máximo artillero en la historia de los mundiales. Igual cuando se les iba la timidez a los japoneses usaban ritmos de canciones de cancha argentinas, muy pegadizas por cierto.
Claro que en el estadio el duelo de los asiáticos con los europeos fue seguido con suma atención por ambas parcialidades porque los puntos eran muy importantes, pero sin los decibeles por las nubes ni la emoción a flor de piel que despertó la última presentación del campeón del mundo.
No era poco lo que había en juego en este duelo. Por eso en el primer tiempo se estudiaron y tanto japoneses como suecos se comieron las uñas en un trámite muy parejo y con más recaudos que riesgos asumidos desde ambos lados, aunque al final hubo emociones frente a los arcos que no alcanzaron para quebrar el 0 a 0.
En el entretiempo un show de música tecno y todo el estadio con las luces de los celulares encendidos armaron una coreografía magnífica para los cinco sentidos.
Las emociones fuertes llegaron en el reinicio con los gritos de Maeda para Japón y Elanga para Suecia con un tremendo zapatazo. Fue el 1 a 1 final.
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Ambos equipos miraban de reojo el cotejo simultáneo entre Países Bajos y Túnez, donde la Naranja Mecánica abrió rápido la cuenta con el grito de Brobbey y luego la conversión en contra de Skhiri para manejar a su antojo el ritmo del partido y asegurarse el primer puesto del grupo. Luego descontó Mastouri para Túnez, pero estiró la ventaja para los naranjas Hecke.
Así Holanda jugará ante Marruecos y Japón frente a Brasil. Mientras que como uno de los mejores terceros Suecia debería esperar el ordenamiento final.
Por Luis Emilio Blanco
Por Gustavo Conti
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