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CURIOSIDADES
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07·Curiosidades

El inglés salió del aula: se lo practica entre meriendas, vinos y grupos

Inspiradas en encuentros de intercambio de idiomas que en distintas ciudades del mundo reúnen a locales y extranjeros en bares, dos propuestas locales trasladaron esa lógica a espacios más íntimos, cuidados y gastronómicos. En Yerba Buena, el inglés se practica con una copa de vi…

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El inglés salió del aula: se lo practica entre meriendas, vinos y grupos
El inglés salió del aula: se lo practica entre meriendas, vinos y grupos

La escena se repite con matices: adultos que estudiaron inglés en algún momento de sus vidas, personas que lo necesitan para viajar, profesionales que buscan más fluidez laboral y jóvenes que quieren recuperar una práctica que quedó suspendida. No se trata de una clase tradicional ni de una evaluación oral. La consigna es otra: hablar, equivocarse, escuchar y volver a intentarlo.

Mundo Lingo es una comunidad global que organiza eventos gratuitos de intercambio de idiomas y cultura. Su propuesta consiste en reunir a locales y extranjeros en un ambiente relajado, por lo general en bares, para conversar, practicar distintas lenguas y conocer gente. Esa idea sirvió como antecedente para algunas experiencias que en Tucumán adoptaron un formato más privado.

Carolina Ysa, de 23 años, organizadora de un encuentro de inglés conversacional con merienda en barrio Sur, contó que ese modelo fue una inspiración directa. Estudió inglés durante cinco años hasta alcanzar un nivel B2 avanzado y hoy da clases particulares en su casa. Aunque nunca trabajó de manera profesional en un área ciento por ciento vinculada al idioma, decidió armar una propuesta propia.

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"Me inspiré mucho en Mundo Lingo. Participé dos veces en esos encuentros que se hacen en bares y me pareció buenísima la dinámica de reunirse con gente, tomar algo y practicar idiomas", expresó Carolina. Su idea, según explicó, fue hacer algo más académico, pero con un grupo reducido. "La intención es que no importe el nivel de inglés y que cada persona se anime a probar", dijo.

En su caso, la reunión nació de manera sencilla. La publicó un martes para realizarla un jueves. Una amiga la ayudó con la organización y con la convocatoria, otras compartieron el posteo en redes sociales y el encuentro pudo concretarse. El formato fue íntimo por una razón práctica y también pedagógica: el espacio de su casa es limitado y cuenta con cuatro sillas. Pero, además, Carolina considera que una mesa chica ayuda a ganar confianza.

"En un grupo grande puede aparecer el miedo a que te juzguen o a equivocarte con una palabra. La idea es que nos ayudemos entre todos", señaló.

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En Yerba Buena, María Pía Sáenz, profesora de inglés de 36 años egresada de la Facultad de Filosofía y Letras, organizó junto a Agustina un encuentro de inglés conversacional con cata de vinos. La idea surgió en enero, después de una mudanza y de un proyecto pendiente entre ambas, que se conocen desde la facultad.

"Sentíamos que no existía un espacio así en Tucumán. Tal vez hay clases de conversación en institutos o colegios bilingües, pero no un espacio social y real, con conexiones humanas verdaderas", expresó Pía. La propuesta, explicó, no apunta a dar una clase perfecta ni a exigir una pronunciación nativa. El objetivo es que el inglés funcione como herramienta de contacto.

"La idea es crear una experiencia social distinta, en la que el inglés sea el medio y no el fin. No se trata de sonar nativo ni de hablar perfecto", dijo.

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El encuentro tiene un cupo máximo de 10 personas. Pía explicó que no aceptan más participantes porque buscan que cada uno pueda hablar y aprovechar la experiencia. La dinámica dura unas dos horas, aunque no cortan el clima si la charla continúa. Hay actividades tipo speed conversation, tarjetas con disparadores, frases para debatir y paletas para votar si se está de acuerdo o no con una idea.

En una de las reuniones, el tema fue "The older I get", es decir, "cuanto más viejo me hago". A partir de esa consigna, los participantes conversaron sobre etapas de la vida, cambios personales y formas de mirar el paso del tiempo.

La experiencia tiene un valor de $45.000 e incluye la actividad social, las copas de vino y la comida. En esa reunión hubo vinos de dos bodegas de Amaicha del Valle, Las Arcas y Los Amaichas, además de quesos de emprendedoras de Tafí Viejo, catering de Meeting Chef y velas para crear una atmósfera más cálida.

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"El vino forma parte de la propuesta. La idea es que la gente participe, conozca los vinos y, a partir de esa degustación, también se afloje un poco y se anime a hablar", explicó Pía.

En ambos formatos aparece el mismo obstáculo: el miedo a hablar. Pía lo resume como una dificultad frecuente entre quienes aprendieron inglés, pero no tienen espacios para usarlo. "A mucha gente le cuesta exponerse, y más aún en un idioma que no es la lengua materna. Aparece el miedo a no sonar nativo, a cometer errores o a que todos se focalicen en eso", señaló.

Entre los asistentes, esa sensación también aparece. Noelia, de 34 años, estudiante de Recursos Humanos y orfebre, llegó por redes sociales. Dijo que la propuesta le pareció una buena oportunidad para soltar la lengua y mejorar sus habilidades al hablar inglés.

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"Uno puede ver películas, leer libros o hacer ejercicios en internet, pero nunca es lo mismo que interactuar con otras personas. Hablar es lo que realmente ayuda a soltarse", expresó.

Para ella, la diferencia con una clase tradicional está en el permiso para equivocarse. "Acá uno puede permitirse cometer errores gramaticales y, aun así, hacerse entender. Todos tenemos una base de vocabulario que nos permite intercambiar ideas. Eso ayuda a animarse a hablar, aunque alguna palabra no salga", dijo.

Abigail El Chaer, abogada de 39 años dedicada a la defensa del consumidor, también encontró en la propuesta un espacio distinto. Estudió inglés desde chica y lo usa cada vez que viaja, pero buscaba recuperar práctica oral. "Cuando me invitó, sentí que era exactamente el espacio que necesitaba para practicar inglés", contó.

Para ella, el valor está en la comodidad del ambiente. "No es una cuestión académica, sino un lugar muy cómodo para conversar, desempolvar habilidades que tal vez uno no usa tan seguido y hacerlo en un espacio muy cuidado", señaló. También aclaró que, en su caso, el vino no fue un factor para soltarse. "Yo no tomo alcohol, entonces para mí no pasa por ese lado", expresó.

En barrio Sur, Carolina notó que muchas personas se acercan por motivos laborales. Una de las asistentes, contó, había tenido varias entrevistas de trabajo en las que le pidieron un inglés más fluido. Por eso buscaba ganar confianza. La reunión, en ese caso, tuvo una colaboración de $8.000 para cubrir gastos de limpieza, café y otras cosas de la casa. Las participantes llevaron algo para merendar.

La dinámica fue simple: presentación personal, rutina, hobbies y trabajo. La idea era empezar por lo que cada una ya sabía contar. Si hacía falta recurrir al español, también estaba permitido. "No está todo tan estructurado, pero sí hay una introducción para que la charla empiece", explicó Carolina.

Valentina Espeche, de 22 años y estudiante de quinto año de Medicina, llegó al encuentro de Yerba Buena por una invitación cercana. Una de las organizadoras había sido su profesora de inglés en el colegio. Desde que terminó la secundaria en 2021, no hablaba inglés en voz alta con frecuencia.

"Hacía muchísimo tiempo que no hablaba inglés en voz alta. Me parece un plan copadísimo", expresó. También valoró la posibilidad de conversar con personas de otras edades. "Estoy acostumbrada a moverme en espacios de jóvenes, así que me gustó conocer gente nueva y escuchar otras perspectivas", dijo.

La combinación de vino e inglés le pareció natural dentro de una tendencia de planes que mezclan actividades recreativas y gastronomía. "Hoy están muy de moda los planes con vino, como vino y cerámica o vino y pintura. Cuando me dijeron vino e inglés, me pareció perfecto", afirmó.

Así, entre bares globales, livings tucumanos, copas, meriendas y tarjetas con preguntas, el inglés encuentra un nuevo territorio. Ya no aparece sólo como materia pendiente, requisito laboral o herramienta de viaje. También se transforma en una excusa para sentarse con otros, conversar sin tanta presión y descubrir que el error, a veces, es apenas el primer paso para animarse a hablar.

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