El primer ministro británico le respondió al canciller Quirno
La disputa por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a irrumpir en la agenda bilateral entre Argentina y el Reino Unido, esta vez en la antesala de uno de…

Por Redacción Escenario Mundial.- Días antes de la semifinal entre Inglaterra y Argentina, Downing Street respondió a las declaraciones del canciller argentino Pablo Quirno, quien cuestionó la legitimidad del referéndum celebrado en las islas en 2013 y calificó a la población local como una comunidad "implantada artificialmente" por la potencia ocupante.
En una reciente entrevista, Quirno sostuvo que las Malvinas constituyen una "situación colonial especial y particular" originada en la violación de la integridad territorial argentina y afirmó que "ningún referéndum organizado unilateralmente por el Reino Unido puede tener efecto legal sobre una controversia cuya resolución pertenece exclusivamente a la Argentina y al Reino Unido mediante negociaciones".
Pero la respuesta del gobierno británico no tardó en aparecer y mantuvo el tono de declaraciones anteriores. Consultado por la prensa, el portavoz oficial del primer ministro Keir Starmer rechazó los planteos del canciller argentino y afirmó que "la posición del Reino Unido es clara". Agregó que "los isleños han expresado repetidamente su deseo de seguir siendo un Territorio Británico de Ultramar y su derecho a la autodeterminación es primordial", recordando el referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los votantes respaldó la continuidad del vínculo con el Reino Unido. La misma posición había sido reiterada por Downing Street meses atrás, cuando Londres respondió a versiones sobre una posible revisión de la política estadounidense respecto de las islas.
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Este episodio adquirió una dimensión política sensible por coincidir con la semifinal del Mundial, un partido que revive la memoria de la guerra de 1982 y de históricos enfrentamientos futbolísticos entre ambas selecciones, como el encuentro de México 1986 marcado por el gol de la "Mano de Dios" de Diego Maradona. Sin embargo, Starmer buscó evitar que la tensión diplomática se trasladara al terreno deportivo. Según su portavoz, "el fútbol debe ser un juego y una forma de unir a la gente. Eso es lo que los aficionados quieren ver", en un intento por separar el diferendo soberano de la competencia deportiva.
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