Entre el fuego, coplas y ofrendas, se honró a la Pachamama en "El Pelao"
Desde antes del amanecer, la comunidad Diaguita Calchaquí se reunió para agradecer a la Madre Tierra y pedir prosperidad.

Faltaban pocos minutos para que el reloj marcara las seis de la mañana. El cielo estaba cubierto de estrellas y la luz de la luna apenas alcanzaba para iluminar los caminos improvisados del cerro tafinisto Ampuqcatao, conocido también como "El Pelao". En medio de la oscuridad, cinco personas le hacían frente al frío de la noche alrededor de una fogata. El fuego era el único refugio contra las bajas temperaturas y también una señal para quienes todavía estaban en camino. En lo alto del valle, se preparaban para recibir a quienes llegarían para honrar a la Pachamama un año más.
De a poco, el punto de encuentro comenzó a llenarse de susurros, ponchos, bufandas y camperones. Algunos se reconocían entre las sombras y se saludaban con afecto. Otros se acercaban tímidamente y contaban que era la primera vez que participarían de la celebración. La noche comenzaba a apagarse y, mientras el cielo se aclaraba lentamente detrás de las montañas, llegó el momento de preparar el té de ruda, la tradicional infusión que se bebe en ayunas el 1 de agosto para proteger la salud, alejar los malos espíritus y tener presente a la Madre Tierra. Cuando estuvo listo, comenzaron a repartirse los jarros y las tazas cargados con la bebida caliente y se compartió entre los presentes.
Después llegó el momento de preparar las ofrendas. Sobre el lugar elegido comenzaron a aparecer la yerba, el maíz, el arroz, las frutas, los cigarrillos, los vinos, las cervezas, la sal, el azúcar, los fideos, el romero, la lavanda y otros elementos que los participantes habían llevado para entregarle a la Madre Tierra. Los ceremonistas Bartolina Casimiro, Mercedes Fernández, Yudith Zurita y Alejandro Álvarez, junto con el chamán Roberto Reyes, ordenaron los elementos que formarían parte de la ceremonia.
También te puede interesar: Racing recibió un fuerte golpe ante su público, cayendo ante Tigre
Antes de que empezara formalmente la celebración, se encargaron de preparar también a quienes habían llegado hasta allí. Los presentes se organizaron en cuatro filas. Frente a ellos, los guardianes del saber ancestral encendieron los elementos con los que realizarían el primer sahumo. "Abramos la mente para que con el salmo que van a hacer nuestros ceremonistas, arranquemos con los primeros rayos de sol limpios. Vamos a pensar un ratito en todos los problemas que tengamos, de salud, espiritual, mental, para que este salmo los limpie", recomendó el cacique de la Comunidad Diaguita Calchaquí, Alejo Azar.
Las filas avanzaban lentamente mientras las copleras de la comunidad acompañaban el momento con sus cajas chayeras. "Abrazá, abrazá para vivir", cantaban. La frase se repetía entre el humo y algunos sollozos.
A las 8, los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse entre las montañas del valle Calchaquí. Todos miraron hacia el este, levantaron las manos y saludaron al dios Inti. Por unos instantes, el cerro quedó sumergido en un silencio profundo. Sólo se escuchó un coro unísono al final que cantaba: "Pachamama, kusilla, kusilla, jallalla, jallalla", la expresión quechua, utilizada para agradecer y pedir prosperidad a la Madre Tierra.
También te puede interesar: Messi regresó tras el Mundial y estuvo cerca de darle la victoria al Inter Miami
Con el sol posándose sobre el cerro llegó el momento central: abrir la "boca" de la Pachamama para alimentarla nuevamente con las ofrendas que habían sido bendecidas durante la mañana. "El fin es devolverle y retribuirle todo lo que ella nos brinda", explicó el cacique mientras comenzaban a cavar el pozo.
Antes de iniciar, Alejo se detuvo frente a la piedra plana que cubría la boca de la "Pacha". Allí interpretó el estado de la piedra y los restos de los alimentos, bebidas y semillas que habían sido enterrados el año anterior. "La piedra está poco húmeda, quiere decir que va a haber lo justo y necesario de agua. Vamos a tener una primavera como tiene que ser y un verano más cargadito. La boca absorbió casi todas las ofrendas, salvo algunas mazorcas que quedaron enteras; esto significa que hay egoísmo dando vueltas, por lo que debemos trabajar en fortalecer la unidad de la sociedad", explicó.


La lectura del pasado abrió paso al pedido para el futuro. La fila avanzó a paso calmo. Uno por uno, los presentes se acercaron a depositar sus ofrendas, agradecer por el año transcurrido y formular sus pedidos para el nuevo ciclo. Mientras tanto, las botellas de vino y aguardiente pasaron de mano en mano en una ronda que se formó alrededor del altar. En paralelo, algunos se acercaron al abuelo fuego para dejar papeles en los que habían escrito sus intenciones. El fuego recibió cada mensaje y lo convirtió en humo y cenizas.
También te puede interesar: River insiste con traer a Almada desde el "Aleti"
Cerca del mediodía, cuando todos habían dejado sus ofrendas, llegó el momento de cerrar la boca de la Pachamama. Cada uno aportó un puñado de tierra hasta cubrir el lugar. Después recogieron las colillas de cigarrillos que habían quedado alrededor y caminaron en círculo alrededor del altar.
Cuando las llamas de la hoguera finalmente se apagaron, las ceremonistas se acercaron para leer lel mensaje del abuelo fuego. "Ha sido una ceremonia bastante armoniosa. El fuego quedó puro, esto es hermoso para la comunidad, da un buen mensaje. El abuelo Huayra -el viento-, también nos habló. Ayer vino a limpiarnos, a llevar a otro lado las semillas y a decirnos que tenemos que estar unidos, así entre todos vamos a poder sostener el planeta y honrar la memoria de nuestros ancestros, de nuestros abuelos y abuelas", dijeron.
El sahumo final marcó el cierre. El humo volvió a envolver a los presentes mientras desde el grupo se escuchaba una última expresión colectiva: "¡Jallalla, jallalla, jallalla!".
También te puede interesar: Valentina Olguín rompió el silencio tras la causa por usar los CUIT de gobernadores para importar ropa
La ceremonia parecía haber terminado. Pero mientras las personas se abrazaban unas a otras, dos cóndores aparecieron sobre el cerro. Volaron por encima del mástil donde flameaban la bandera Wiphala y la de la Nación Diaguita. Por unos segundos, las miradas se elevaron hacia el cielo y la comunidad interpretó su visita pasajera como un mensaje de buen augurio.
"Esto significa que estamos conectados con el universo y la Tierra. El día anterior pedimos permiso para hacer la ceremonia. Ahora el viento soplará más fuerte y alimentará las voces y los pedidos. Nuestros antepasados ya pasaron por acá, recolectaron las peticiones y han visto el espíritu de cada persona. Ahora vayamos en paz y sigamos transmitiendo la enseñanza de honrar y defender a la Pachamama", concluyó Roberto.
La celebración no terminó ahí. Una vez que todo estuvo limpio y ordenado, la reunión se trasladó hacia un club vecinal donde compartieron locro, empanadas, cantos y siguieron honrando a la Madre Tierra en comunidad.
- #sociedad
- #entre
- #fuego
- #coplas
- #ofrendas
- #honro
- #pachamama
- #pelao
- #tucuman

