Es mamá, tiene un emprendimiento de empanadas, viaja en colectivo para entrenar y ahora sueña con jugar para Las Yaguaretés
Nahir Argañaraz, jugadora de Aguará Guazú, volvió a ser convocada a una concentración del seleccionado argentino femenino de rugby seven. Vive en Juan Bautista Alberdi, recorre varios kilómetros para entrenarse y persigue el sueño de vestir la camiseta celeste y blanca.

Resumen para apurados
Los días de Nahir Argañaraz empiezan mucho antes de que aparezca una pelota de rugby. Primero está su hijo de siete años, al que lleva a la escuela. Después llega el momento de preparar el emprendimiento de empanadas que comparte con su pareja y que ocupa buena parte de sus fines de semana. Recién entonces puede pensar en el deporte. Cuando todo está encaminado, comienza otro desafío: viajar desde Juan Bautista Alberdi hasta Aguilares para entrenarse con Aguará Guazú. Es una rutina exigente, llena de horarios, colectivos, remises y favores de amigos. Pero nunca dejó que el esfuerzo fuera una excusa. Hace unos días recibió una nueva convocatoria a una concentración de Las Yaguaretés y sintió que todo ese camino, una vez más, había valido la pena.
La noticia llegó a través del grupo que comparte el plantel del seleccionado argentino. Ya no era la primera vez. El año pasado había integrado tres concentraciones nacionales, pero la emoción fue exactamente la misma. "Para cualquier jugadora de rugby siempre es un sueño algo así. Estoy feliz de tener una nueva oportunidad. La primera convocatoria fue inesperada; nunca imaginé que me estuvieran viendo. Ahora también sentí mucha emoción", contó.
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La nueva convocatoria forma parte de la primera concentración de Las Yaguaretés desde su participación en el Circuito Mundial, que finalizó hace poco más de un mes. Del 13 al 16 de agosto, el plantel trabajará en Alta Gracia bajo las órdenes de Nahuel García con la mira puesta en los Juegos Suramericanos, que se disputarán del 12 al 26 de septiembre en Santa Fe. Para esa preparación fueron convocadas cinco jugadoras tucumanas, entre ellas Argañaraz, quien buscará ganarse un lugar en la lista definitiva que representará al país.
Su historia con la "ovalada" comenzó mucho antes de imaginarse vistiendo los colores argentinos. Tenía apenas 13 años cuando se formó el rugby femenino en La Querencia, el club de Juan Bautista Alberdi. La decisión de acercarse al deporte no fue casual. Creció rodeada de familiares que jugaban al rugby y ese ambiente terminó despertando su curiosidad.
"Gracias a mi familia conocí este deporte. Tengo tíos y primos que jugaban y cuando empezaron los entrenamientos para mujeres decidí probar. Venía de jugar al hockey, pero el rugby me atrapó desde el primer momento", recordó.
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Aquellos primeros entrenamientos marcaron el inicio de un camino que ya lleva más de una década. Luego decidió sumarse al proyecto de Alberdi Rugby Club. Con el paso de los años entendió que, para seguir creciendo, necesitaba salir de su zona de confort. Después de algunos inconvenientes en su club decidió cambiar de aire y se incorporó a Aguará Guazú, una institución que en los últimos años se convirtió en una de las principales referencias del rugby femenino tucumano.
"Tuve que cambiarme de club para subir de nivel y tener otras oportunidades. Gracias a Aguará y a mis compañeras pude jugar un Nacional y llegar a donde estoy hoy", explicó.
En ese proceso apareció una figura clave: Andrea Moreno. Compañera en Aguará Guazú e integrante del seleccionado argentino desde hace varios años, fue una de las personas que más la ayudó durante la adaptación.
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"Ella me enseñó muchísimo. Ya tenía experiencia en la Selección y me ayudó a entender cómo eran los entrenamientos, las exigencias y todo lo que implica este proceso", señaló.
La nueva concentración también tendrá una fuerte presencia tucumana. Serán cinco las jugadoras de la provincia que trabajarán bajo las órdenes del cuerpo técnico nacional, un dato que Nahir celebra porque considera que refleja el crecimiento del rugby femenino local.
"Es un orgullo que haya tantas tucumanas. Antes éramos más, pero sigue siendo muy lindo que nos den estas oportunidades. Además, compartir con chicas de la provincia hace que todo sea más cómodo", afirmó.
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Detrás de cada entrenamiento, sin embargo, existe una logística que pocas veces se ve. Nahir vive en Alberdi y debe trasladarse varios kilómetros para entrenarse con Aguará Guazú.


"Muchas veces viajamos en colectivo, otras en remís y, cuando se puede, nos lleva el entrenador. Es toda una logística, pero vale la pena todo el esfuerzo", aseguró.
La exigencia deportiva convive con otra responsabilidad todavía más importante: la maternidad. Su hijo tiene siete años y también descubrió el rugby como una pasión. Juega en infantiles de La Querencia y, siempre que puede, acompaña a su mamá a los partidos.
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"Él quiere venir conmigo a todos lados. Cuando puede me acompaña a jugar y le encanta estar con las chicas del club. Es mi compañero en este deporte", contó con una sonrisa.
Coordinar entrenamientos, viajes y concentraciones no sería posible sin el respaldo de quienes la rodean.
"Tengo la ayuda de mis hermanos, de mi pareja y también del papá de mi hijo. Gracias a ellos puedo hacer todo. Estoy siempre a las corridas, pero llegamos", explicó.
Como si eso fuera poco, junto con su pareja lleva adelante un emprendimiento de empanadas que demanda largas jornadas de trabajo, especialmente durante los fines de semana. "Vendemos empanadas todas las semanas, así que estamos trabajando mucho. Hay que organizarse para que alcance el tiempo para todo", comentó.
El inicio de este año tampoco fue sencillo. Una lesión en la rodilla amenazó con frenar su crecimiento justo cuando buscaba volver al seleccionado. Sin embargo, la recuperación fue más rápida de lo esperado y logró regresar a tiempo para ser nuevamente considerada.
"No arranqué bien el año porque tuve una lesión de rodilla, pero gracias a Dios me recuperé rápido. Ahora llego con la experiencia del año pasado y con otra confianza", sostuvo.
Aunque ya conoce cómo es una concentración nacional, sabe que todavía le queda un paso más para cumplir el gran objetivo de su carrera. Haber sido convocada representa un reconocimiento al esfuerzo realizado durante tantos años, pero no alcanza para conformarla.
"Mi sueño sería vestir la camiseta celeste y blanca. Haber sido convocada ya es un orgullo enorme, pero mi meta es llegar a jugar con la Selección. Ojalá sea en un futuro cercano", confesó.
Las madrugadas, los viajes entre Alberdi y Aguilares, las horas dedicadas al emprendimiento familiar, la crianza de su hijo y los entrenamientos forman parte de una misma rutina. Una que eligió sostener porque entiende que los sueños no suelen llegar por casualidad. En el caso de Nahir Argañaraz, cada colectivo tomado, cada práctica y cada sacrificio parecen acercarla un poco más a ese momento que imagina desde hace años: ponerse, por fin, la camiseta de Las Yaguaretés.
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