Saltar al contenido principal
POLÍTICA
4 MIN
06·Política

Filosofía de las intersecciones

Yendo en automóvil por la ciudad, es fácil comprender por qué suele decirse que la ciudad es la política hecha espacio. En cada cruce de calles se pone en juego…

Compartir
Filosofía de las intersecciones
Filosofía de las intersecciones

RIO GRANDE (POR FABIO SELEME).- Pensemos, por ejemplo, en una esquina sin semáforo. Dos calles se cruzan, varios vehículos convergen y, durante unos segundos, nadie sabe exactamente qué ocurrirá. Existen reglas, desde luego, pero son insuficientes. Lo decisivo sucede en otra parte: en las miradas, en los cálculos silenciosos, en los avances mínimos con los que cada conductor tantea la voluntad de los demás. No es caos. Tampoco es orden. Es una negociación permanente. Es una forma de inmanencia pura: el orden no viene de arriba ni está escrito en piedra; se produce en el roce.

Hay algo elemental en esa escena. Cada uno quiere pasar. Cada uno busca prolongar su movimiento. Pero nadie puede hacerlo sin tomar en consideración el deseo ajeno. El espacio se convierte así en un campo de fuerzas donde la posición de cada participante depende de las posiciones de los demás. La identidad no precede a la relación: emerge de ella. Todo se decide en la interacción misma.

El problema es que la negociación no siempre alcanza. A veces el conflicto se intensifica y escala, la incertidumbre se vuelve excesiva, y la ciudad responde incorporando una figura muy distinta. Allí donde antes había interpretación, aparece una señal luminosa. Allí donde había cálculo mutuo, aparece una orden.

También te puede interesar: Milei viajó a Perú para la asunción de Keiko Fujimori en medio de la crisis con Lula

El semáforo no negocia. Decide. Su autoridad es singular porque no necesita justificarse. No persuade ni argumenta. Se limita a interrumpir y a permitir con intermitencia. Rojo es detenerse. Verde es avanzar. Entre ambos se abre un intervalo artificial que separa el impulso de su satisfacción. El conflicto deja de resolverse entre quienes participan de él y pasa a ser administrado por una instancia exterior abstracta. Hay un desplazamiento de lo político hacia la autoridad central. Ya no necesito interpretar al otro conductor; me basta obedecer una luz.

Sin embargo, el semáforo no elimina el deseo: apenas lo dosifica. Lo obliga a esperar. Lo distribuye en secuencias temporales. Su promesa es siempre la misma: ahora no, después sí. Y quizás por eso produce una forma particular de obediencia. Ya no hace falta leer las intenciones de los otros ni negociar con ellas. Basta con responder correctamente a una señal.

Pero, por mucho que se semaforice, la experiencia muestra que la supresión del conflicto siempre es una postergación. Lo que no encuentra expresión en un lugar reaparece en otro. Lo que no circula termina acumulándose. En los semáforos, los motores y los ánimos suben de temperatura.

También te puede interesar: Georgieva escuchó al círculo rojo empresario y se enfocó en los impuestos y la recuperación de los sectores rezagados

Tal vez por eso resulte tan interesante la reaparición contemporánea de una figura mucho más antigua de lo que parece: la rotonda.

A primera vista podría interpretarse como una solución técnica más eficiente. Pero hay algo extraño en ella. Su operación fundamental consiste en retirar un espacio de la circulación. En el centro aparece una isla, un vacío estructurante, una superficie que nadie atraviesa. Y es precisamente ese vacío por sustracción el que organiza todo lo demás.

La rotonda no obliga a detenerse como el semáforo, aunque tampoco deja librado el encuentro a la negociación incierta de la esquina abierta. Hace otra cosa: desvía, curva, obliga a cada trayectoria a reconocer la existencia de las otras sin enfrentarlas directamente. Al prohibir el egoísmo del camino más corto, impone la geometría curva de la convivencia.

También te puede interesar: El árbitro que volverá a dirigir a Atlético Tucumán después de más de un año: su particular historial

Quien ingresa a una rotonda sigue avanzando, pero ya no puede hacerlo en línea recta. Debe incorporarse a una corriente común donde velocidades y volúmenes disímiles se acoplan a un mismo ritmo compartido. En ese anillo, la prioridad de paso la tiene quien ya está adentro sosteniendo la marcha, y obliga al que viene desde afuera a regular su impulso en función del otro. Las fuerzas continúan existiendo, aunque transformadas. No se anulan ni se someten; circulan alrededor de un centro que conduce sin necesidad de ordenar la detención.

Quizás por eso la rotonda posee una dimensión política particularmente sugerente. Su centro vacío recuerda que ningún participante puede ocupar el lugar desde el cual se organiza el conjunto. Lo que estructura el movimiento no es una voluntad individual ni una autoridad visible, sino una forma compartida que todos reconocen y nadie posee. Mientras el semáforo divide el tiempo en permisos sucesivos, la rotonda hace de la circulación una continuidad. Nadie recibe el derecho a pasar; ese derecho se produce manteniendo el movimiento común. La prioridad deja de ser un privilegio concedido y se convierte en un efecto del flujo.

Vista desde esta perspectiva, la ciudad aparece como un laboratorio involuntario de teorías políticas. La esquina sin semáforo confía en la negociación. El semáforo confía en la autoridad. La rotonda confía en el vacío que estructura: instaura, en el diseño del suelo, el orden de una comunidad organizada.

También te puede interesar: Cambiaron el horario del partido entre Nueva Chicago-San Martín por la fecha 23 de la Primera Nacional

Quizás las sociedades puedan distinguirse por la figura que privilegian: las que celebran el conflicto espontáneo, las que multiplican los frenos burocráticos, o aquellas, más raras, que intentan construir instituciones capaces de dar cauce a las fuerzas sin sofocarlas. Porque, al final, la lección de los cruces de calles no es técnica, sino política: el desafío nunca fue elegir entre la pulsión o el freno, sino hallar el diseño de los canales. Encontrar formas capaces de hacer circular el deseo sin que estalle la guerra, recordando que aquello que organiza el movimiento de todos no puede ser apropiado por ninguno.

  • #sociedad
  • #filosofia
  • #las
  • #intersecciones
  • #tierra del fuego

Seguir leyendo

→ Newsletter · Diaria 07:00

La ciudad,
en datos.

Tres ideas, una tendencia, un gráfico. La mejor lectura para empezar el día con la radiografía urbana, tecnológica y cultural de las ciudades que crecen.

Sin spam · Cancelás cuando quieras.