Inteligencia artificial, regulación y capital: las apuestas del Cono Sur
Argentina apuesta por atraer inversiones con baja carga regulatoria, Brasil y su alineamiento con los estándares tecnológicos de la Unión Europea. Nuevo escenario para la competencia regional.

Argentina apuesta por atraer inversiones con baja carga regulatoria, Brasil y su alineamiento con los estándares tecnológicos de la Unión Europea. Nuevo escenario para la competencia regional.
Por Lautaro Rubbi, en el diario Ámbito
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El Gobierno impulsó en el Congreso la ampliación del llamado Súper RIGI, que incorpora la inteligencia artificial (IA), los centros de datos y la cadena del uranio como industrias estratégicas, con expectativas de proyectos superiores a los mil millones de dólares. El 12 de junio, Brasil firmó con la Unión Europea una Asociación Digital, profundizando la cooperación en gobernanza tecnológica. Mientras Buenos Aires prioriza atraer capital, Brasilia procura alinearse tempranamente con un espacio regulatorio con capacidad de proyectar estándares.
Es importante advertir la magnitud de la oportunidad. La inversión global en infraestructura para inteligencia artificial rondaría este año los 725.000 millones de dólares.
Brasil eligió otro camino. Su acercamiento a la UE apunta a participar de un ecosistema regulatorio incipiente, aunque con capacidad de proyectar estándares más allá de sus fronteras. Aunque la influencia de Europa sobre los fundamentos del vector geotecnológico global se haya diluido, gracias al tamaño y atractivo de su mercado, Bruselas suele lograr que muchas de sus normas terminen funcionando como estándares globales. Si esa dinámica se consolida en IA, converger temprano puede convertirse en una ventaja estratégica.
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Si esa convergencia continúa, parte de la ventaja asociada a una regulación más liviana podría reducirse incluso antes de que exista una obligación formal impuesta por los gobiernos. Los contratos globales suelen admitir pocas excepciones locales.
La prueba llegará cuando un proveedor global deba decidir si los servicios operados desde una filial argentina pueden integrarse sin restricciones a contratos sujetos a estándares más exigentes. Si la respuesta es negativa, la flexibilidad regulatoria habrá comenzado a funcionar como barrera de acceso. La discusión central ya no será quién atrajo más capital, sino quién entendió antes qué reglas terminarían gobernándolo.
Posicionar a la Argentina como un refugio de bajo costo atractivo para la inversión en el corto plazo es una posición rentable mientras la regla no exista y expuesta el día en que exista. La apuesta puede dar sus dividendos de forma temprana, aunque las incógnitas futuras persisten. ¿Habrá acaso convergencia regulatoria? ¿Podrá el país instalar infraestructura, formar capacidades y crear economías de aglomeración antes de que suceda?
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Existe además una dimensión regional que suele quedar fuera del debate fiscal. Si Brasil converge gradualmente hacia estándares europeos mientras la Argentina preserva un modelo más excepcional, el MERCOSUR terminará conviviendo con esquemas distintos de gobernanza digital en un momento en que la definición de estándares tecnológicos se vuelve un terreno de competencia estratégica.
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