Juan Villoro: "Este es un Mundial de los ricos, no de la gente"
Es uno de los grandes escritores del fútbol. El autor mexicano acaba de publicar Los héroes numerados, libro en el que aborda desde las hazañas de los mundiales a los ilícitos que rodean al juego. Entre el fútbol convertido en negocio global, la discriminación de género y el avan…

Por Alejandro Duchini para LA GACETA
Juan Villoro es uno de los escritores que suelo recomendar: siempre es un placer leerlo o escucharlo. Integra ese selecto grupo de autores que incursionan, entre varios géneros, en el de la literatura deportiva o futbolera. Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano, Juan Sasturain, Roberto Fontanarrosa. Y Villoro. De sus textos dan cuenta sus libros Dios es redondo, un clásico al que se le acaba de sumar Los héroes numerados (Planeta). Y en el medio Balón dividido, Los once de la tribu, Ida y vuelta (correspondencias futboleras con Martín Caparrós) y una novela corta pero hermosa titulada No fue penal, que en Argentina publicó Ediciones Gog y Magog.
Antes de pasar al Villoro modo Mundial 2026, no quiero dejar de lado que también ha publicado ensayos como Efectos personales, De eso se trata y el reciente No soy un robot. También ejerce el periodismo: su crónica 8.8: el miedo en el espejo, sobre su experiencia en un sismo ocurrido en Santiago de Chile en 2010 es excepcional. Y las novelas Materia Dispuesta, El testigo o Llamadas de Ámsterdam.
Pero el Villoro que nos ocupa ahora es el que acaba de publicar Los héroes numerados, en el que vuelve al fútbol. Aunque con un motivo superador: su país es uno de los organizadores del Mundial de fútbol. Un organizador que cumple un papel secundario, porque México y Canadá fueron denostados por una FIFA que le dio el poder a los Estados Unidos. "Sólo 13 partidos de 104 se juegan en México", protesta el autor en el comienzo del diálogo con LA GACETA Literaria.
-¿Cómo se vivió la previa del Mundial en México?
-Con baja intensidad. No hubo la emoción que hubo en el 70 ni en el 86. Hay mucho descontento por el precio de los boletos, que imposibilitan asistir a los estadios en los pocos partidos que tenemos si se compara con Estados Unidos. Además, la ciudad estuvo tomada por el sindicato de maestros desde los días previos a la inauguración del torneo. Este es un Mundial de los ricos, no es un Mundial de la gente. Además, es un torneo político. Incluso hablé con gente del Estadio Azteca que me contó que los protocolos de seguridad son supervisados por la FIFA y no por las autoridades del mismo estadio. Nunca se había hecho un Mundial en unas condiciones tan graves, pensando en la política exterior de Estados Unidos, que bombardea Irán y al mismo tiempo el seleccionado de ese país bombardeado tiene que acudir a Estados Unidos a jugar.
-¿Estamos ante un fútbol cada vez más elitista?
-Hoy en día cada estadio que se renueva se convierte en un estadio más pequeño y más lujoso; es decir, se trata de excluir a las personas que no pueden pagar lo suficiente. Este Mundial es un ejemplo clarísimo de que por el precio de los boletos no se trata de una fiesta pública.
Nuestra presidenta (Claudia Sheinbaum), creo que un acto que la dignifica, regaló sus boletos para el Mundial a mujeres indígenas que juegan fútbol. Me parece mucho más loable que una joven indígena futbolista de calidad esté presente en el palco de honor y no un emir, un rey o un jefe de Estado que no saben nada del tema.
-Las voces críticas de los jugadores no se oyen. O no las hay.
-Lamentablemente. No hay todavía una conciencia suficientemente crítica. Yo extraño aquellas protestas serias, organizadas por parte de los jugadores por la cantidad de partidos, por las condiciones en que tenían que jugar pero también por la exagerada comercialización que los beneficiaba parcialmente pero que a la vez los convertía en víctimas de abusos bien pagados.
-En Argentina hubo polémica cuando Messi y De Paul se fotografiaron con Trump en la Casa Blanca.
-Lionel Messi es uno de los grandes jugadores de la historia. Probablemente a nivel de cantidad de goles espectaculares, el mayor de todos. Es difícil comparar jugadores de distintas épocas. Yo creo que Messi es alguien único. Como hincha del Barcelona (Villoro se hizo hincha del club catalán cuando vivió en España) le agradezco lo que hizo por ese equipo. Pero a la vez es alguien que ha abdicado de tener una conciencia cívica. Es respetable, desde luego, pero creo que quizá sin darse cuenta ha incurrido en algunas actitudes que contradicen la ilusión que despierta en la cancha. Es alguien que practica la magia y al mismo tiempo ha sido un notable evasor de impuestos, promotor del Mundial en Arabia Saudita, país que viola los derechos humanos, y de Donald Trump, al menos simbólicamente, por participar en el acto que tú mencionas. Recuerdo que Cristiano Ronaldo generó conciencia cuando en una conferencia de prensa quitó la botella de Coca-Cola y recomendó que la gente tomara agua porque era más sano. Las acciones de Coca-Cola se precipitaron en la bolsa de valores.
-Lo de la poca participación política se replica en la gran mayoría de los futbolistas.
-Cuando Rodri recibió el Balón de oro, fue a la ceremonia en muletas. No podía jugar a causa de la sobreexplotación que había tenido con la cantidad de partidos con el Manchester City y con la selección española. Entonces, si el mejor no puede jugar por exceso de partidos, ¿qué clase de deporte es este? Tengo la sensación de que los jugadores de fútbol son víctimas acaudaladas. Víctimas porque probablemente su carrera sea corta, pero se les acorta más por la cantidad de partidos, la cantidad de anuncios de televisión que hacen, la obligación de ser protagonistas en la selección, en la Copa, en la Liga, en todos los torneos, jugar tres partidos en la semana. Todo eso los destruye. Entonces, efectivamente están recibiendo una fortuna, pero a los 30 años no pueden caminar. Obviamente algunos logran seguir adelante, pero no todos. Algunos encuentran refugio en la ludopatía, en la droga, en el dopaje, que también son salidas falsas. Los propios futbolistas deberían saber que a largo plazo esos mismos beneficios que están recibiendo resultan corrosivos. A veces me parece que las condiciones de vida de los jugadores son parecidas a las de los caballos de carreras. Un caballo pura sangre muchas veces está en mejor condición física que un jugador inyectado de cortisona.
-En Los héroes numerados destacás al fútbol femenino. ¿Por qué?
-Es que el fútbol femenino ha sido, a mi modo de ver, la principal transformación del fútbol. En 1971 yo asistí con mis compañeros de bachillerato al Estadio Azteca a la final del torneo mundial de fútbol, que en aquel momento no estaba autorizado por la FIFA. Sin embargo, reunió a más de 100.000 espectadores. México jugó la final contra Dinamarca, quedó en segundo lugar y se demostró que el fútbol femenino podía tener enorme éxito, tanto comercial como de entusiasmo popular. Fui testigo de eso y siempre me sorprendió que no trascendiera a lo largo de los años. Con el tiempo fui fraguando relaciones con amigas que jugaban fútbol en condiciones verdaderamente imposibles y posteriormente me casé con una futbolista. Entonces, hay una razón personal muy grande: mi esposa, Sofía, tuvo que jugar siempre con zapatos de niño porque no había calzado femenino para fútbol; y tuvo que jugar con ropa de niño porque tampoco había uniformes para mujeres. Y hay muchos más etcéteras. Yo jugué en las fuerzas inferiores de Los Pumas, en México, y ella también, pero yo jugaba en pasto y ella jugaba en tierra. Es decir, he sido testigo presencial de la discriminación.
-Hace poco publicaste No soy un robot. En ese ensayo escribís sobre las nuevas tecnologías. ¿Imaginás un futuro de fútbol en el que humanos compartan el juego con las máquinas?
-Hoy estamos en la hibridización de muchos de los procesos culturales, económicos, políticos con respecto a las máquinas. Yo creo que todo eso puede suceder, pero sólo a niveles de fútbol espectáculo, fútbol amistoso. Las máquinas ya están interviniendo en decisiones como el fuera de juego en el deporte. Pero el criterio finalmente ha sido fijado por seres humanos, aunque sea un criterio absurdo que por un centímetro ya estés fuera de juego. Espero que todo esto no se utilice para sustituir atléticamente al ser humano. Para mí, el cuerpo sigue siendo una frontera infranqueable del deporte.
-La pregunta es hasta cuándo podrá el cuerpo humano seguir siendo infranqueable.
-El viejo lema de mente sana en cuerpo sano está puesto en duda hoy en día porque nuestro cuerpo está recibiendo, por ejemplo, prótesis artificiales. Dependemos cada vez más de las máquinas: nuestro teléfono celular se ha convertido en una extensión casi de nuestra mente y nuestro cuerpo. Entonces pienso que el atletismo en todas sus variantes debe ser una zona de defensa de lo más íntimo que tenemos, que es el cuerpo. Así como alguna vez dijimos "salven nuestras almas", ahora también deberíamos decir "salven nuestros cuerpos".
-¿Desapareció el fútbol tal como lo conocimos?
-Hasta ahora el fútbol ha demostrado tener anticuerpos contra todas las amenazas que pretenden destruirlo. Lo vimos en Qatar: parecía imposible jugar allá y fue uno de los mejores mundiales en el plano deportivo. No sabemos cómo terminará este Mundial, hasta dónde llegarán los anticuerpos que se han ido adaptando a todas las circunstancias para seguir provocando la magia.
-¿Por qué seguís escribiendo sobre fútbol?
-Es un gran misterio, fíjate, porque a lo largo de la vida uno va a perdiendo algunas pasiones. Yo fui un gran fanático de la música de rock a grados casi enfermos. Pero ya no tengo esa pasión. Lo mismo me ha ocurrido con el cine: era un fanático del cine de autor, el gran cine de los años 70 y 80, Fellini, Antonioni, Godard, Truffaut. Pero hoy si bien me interesa de pronto una película, ya no me conmuevo como me conmovía antes. Sin embargo, el fútbol es algo que todos los domingos me pone nervioso: pierde mi equipo y digo ¡no puede ser! En septiembre cumpliré 70 años y sigo sufriendo como un idiota por algo que no debería afectarme tanto. Es un enigma. Lo único que sé es que moriré hinchando por mi equipo.
© LA GACETA
PERFIL
Juan Villoro nació en la Ciudad de México en 1956. Algunos de sus libros son La casa pierde (Premio Villaurrutia 1999), Efectos personales (Premio Mazatlán 2000), El testigo (Premio Herralde 2004), Dios es redondo (Premio Vázquez Montalbán 2006) y La figura del mundo (2023). Recibió, además, el Premio Donoso (2012); el Premio Crónica y el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco (2015); el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas y el Premio Ibargüengoitia (2018); y el Premio Líber (2019), por ser una de las voces más destacadas del panorama literario contemporáneo.
Los once de la tribu*
Por Juan Villoro
Aunque no todos lo confiesen, numerosos escritores leen el periódico a la manera de Samuel Beckett: un veloz repaso a los desastres de la tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo. Entre los poetas abundan los fanáticos de ocasión: Umberto Saba solía despotricar contra el entusiasmo y la desesperación provocada por una pelota hasta que un amigo lo invitó a un partido de «la potentísima Ambrosiana (Inter de Milán) contra la vacilante Triestina». Acaso para contrarrestar el resultado de 00, Saba escribió cinco notables poemas sobre el futbol.
Hay autores que trasladan su experiencia futbolística a otros asuntos; no es de extrañar que uno de los más convincentes alegatos contra la pena de muerte sea obra de un exportero, Albert Camus, quien seguramente recordó el rigor de ser acribillado a once metros de distancia.
Como es obvio, no todos los adjetivos caen en favor del futbol. George Orwell, campeón de la paranoia literaria, también se asustó con el balompié. Alguien le habló de un rudísimo encuentro entre el Arsenal y el Dínamo de Moscú, y pensó que el Oso Rojo vengaría las afrentas con una guerra. Su artículo «El espíritu deportivo» termina con la súplica de que los futbolistas ingleses no hagan giras por la Unión Soviética para no enemistar más a las dos naciones. Aunque escribía en el año atómico de 1945, sus temores parecen excesivos.
*Fragmento de Los héroes numerados.
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