La Fraternidad Sacerdotal San Pío X desafía al Vaticano desde Suiza, Argentina e Italia
La facción conservadora rebelde fue excomulgada la semana pasada. "Los herejes son los otros", aseguró un seguidor porteño después de una nueva misa

La facción conservadora rebelde fue excomulgada la semana pasada. "Los herejes son los otros", aseguró un seguidor porteño después de una nueva misa
Por Elisabetta Povoledo / New York Times
Cuando el Vaticano excomulgó la semana pasada al clero de una facción conservadora rebelde, lo que provocó el mayor cisma del catolicismo en décadas, también esperaba que los numerosos seguidores del grupo volvieran a la corriente principal de la Iglesia. En la mayoría de los casos eso no ocurrió: seguidores de la facción en Argentina, Italia y Suiza recibieron la sanción con rebeldía.
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"No cambia nada", dijo Blandine Guillaumin, de 42 años, maestra en una escuela dirigida por el grupo en Francia. Guillaumin afirmó que seguiría formando parte de la facción, llamada Fraternidad Sacerdotal San Pío X, incluso si el Vaticano cumpliera su amenaza de excomulgar a los fieles que se mantuvieran leales al grupo escindido.
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Guillaumin aseveró: "Estamos seguros de que estamos haciendo la voluntad de Dios". Afirmó que la fraternidad representa "el catolicismo puro y auténtico", no así el Vaticano.
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La actitud desafiante de Guillaumin personifica el punto culminante de un enfrentamiento de 56 años entre el Vaticano y la fraternidad, fundada en 1970 para protestar contra el giro modernizador de la Iglesia católica tras el Concilio Vaticano II, que tuvo lugar entre 1962 y 1965.
La fraternidad lamenta el cambio que el concilio introdujo en la forma de celebrar los oficios católicos. Aunque el concilio permitió a los sacerdotes celebrar misas en lenguas vernáculas, la fraternidad sigue haciéndolo en latín, con el argumento de que así se conserva un sentido de veneración y misterio. La fraternidad también rechaza la esencia de las enseñanzas del concilio, que "contradicen la doctrina milenaria" de la Iglesia.
Desde el Vaticano (incluyendo al Papa León XIV) aseguran que la fraternidad rompió con enseñanzas fundamentales de la Iglesia. León dijo el mes pasado que sus seguidores "se niegan a aceptar ciertos elementos fundamentales de la Iglesia".
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En Buenos Aires, una congregación de la Fraternidad San Pío X se reunió para celebrar misa el jueves en una iglesia escondida en pleno centro porteño. "Al parecer, somos unos herejes separatistas", dijo Thiago Berlanga, de 23 años, estudiante de economía.
Al igual que otros asistentes, Berlanga se indignó ante la orden de excomunión del Papa León. "Voy a seguir viniendo aquí. Los herejes son los otros", aseveró.
Aseveró que la Fraternidad San Pío X no infringe las normas católicas, y que sí lo hace el ala modernista de la Iglesia. Se quejó de sacerdotes que bendicen uniones homosexuales, que dan la comunión a personas divorciadas y que tratan el catolicismo como si estuviera al mismo nivel que el judaísmo o el budismo. Lamentó de que algunos "sermones suenen como charlas TED" y de que en la misa "ponen música con unas guitarritas y cosas así".
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"Hoy en día la Iglesia recibe a todo el mundo. Podés ser homosexual, podés ser adúltero… podés hacer de todo menos ser tradicionalista", sentenció. En la misa porteña del Priorato de San Pío X no había guitarras, ni siquiera un piano ni cantos. Se arrodillaban más que en una misa normal, se golpeaban más el pecho, no había signos de paz y se usaba mucho más el latín.
"Rezamos por el Papa. ¿Cómo podés llamar cismática a una congregación que reza por el Papa?", apuntó Berlanga.
En la pequeña aldea suiza de Écône, el fundador de la fraternidad, el arzobispo Marcel Lefebvre (excomulgado por Juan Pablo II en 1988), supervisó la construcción de su primer seminario en 1970. Allí se celebró una ceremonia el pasado miércoles. Los nuevos líderes de la fraternidad desafiaron al Papa León al consagrar a cuatro obispos en contra de su voluntad, un acto que reunió a unas 17.000 personas, según estimaron.
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Un día después, el Vaticano declaró que la fraternidad estaba en cisma con la Iglesia y emitió un decreto de excomunión contra sus obispos —seis en total, tras la ceremonia del miércoles— así como contra sus sacerdotes, lo que les prohíbe oficiar matrimonios y escuchar confesiones, que se considerarían inválidas. Al resto del clero y a los fieles laicos se les advirtió de que se arriesgaban a la excomunión si continuaban siguiendo las enseñanzas de la fraternidad, y se les recomendó volver al seno de la Iglesia católica.
Pero la fraternidad de Écône ignoró la sanción y las advertencias del Vaticano.
El superior general de la fraternidad, el reverendo Davide Pagliarani, describió la decisión de "objetivamente injusta e inválida", mientras uno de los nuevos prelados, el obispo Marc Hanappier, bendecía a los fieles que se arrodillaban a sus pies y los niños esperaban para besar el anillo de su mano derecha.
La fraternidad solamente tiene unos 1.500 miembros oficiales, la mitad de los cuales son sacerdotes, pero sus responsables dicen que tienen entre 300.000 y 600.000 seguidores laicos en todo el mundo.
Por Martín Stoianovich
Por Juan Iturrez
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