La sorprendente historia de la Selección revolucionaria de Argelia que se negó a jugar para Francia antes de su independencia
Antes de ser una Nación independiente y tener fuerza en la FIFA, Argelia luchó por romper las cadenas de Francia. En 1958, antes del Mundial, hubo un grupo de jugadores que abandonaron el país europeo para formar una Selección revolucio…

Nahuel Lanzón
Rachid Mekhloufi iba a ser la gran figura de Francia en el Mundial de 1958. Pero todo dio un giro una mañana donde recibió un llamado que cambió no solo su vida, sino la historia de una nación. El delantero del Saint-Étienne, nacido en Sétif y consagrado en la liga francesa, tenía el pasaje asegurado a Suecia junto a Raymond Kopa y Just Fontaine. Pero ese 12 de abril desapareció de la concentración y cruzó clandestinamente Europa para sumarse a un proyecto que ningún libro de historia del fútbol convencional supo dimensionar a tiempo: un equipo que no representaba a ningún Estado, porque ese Estado todavía no existía, pero ya representaba a una Nación.
Aquel conjunto fue el equipo de fútbol del Frente de Liberación Nacional (FLN), la organización que lideraba la lucha armada contra el dominio colonial francés. Entre 1958 y 1962, mientras Argelia sangraba en una violenta guerra por su independencia, un grupo de futbolistas profesionales abandonó sus contratos en Francia para recorrer el mundo con una camiseta verde y blanca que ninguna federación reconocía. "Llevábamos a cabo una causa", resumiría Mekhloufi tiempo después, en una frase que condensaba el sentido de aquel sacrificio. Casi siete décadas después, cuando la selección argelina vuelve a una Copa del Mundo tras dos ediciones y debuta nada menos que ante Argentina, conviene recordar que el origen de ese seleccionado no está en una cancha, sino en un acto de desobediencia política.
Para entender al equipo del FLN hay que volver al 8 de mayo de 1945. Mientras París celebraba la capitulación nazi, en las localidades argelinas de Sétif, Guelma y Kherrata una manifestación independentista derivó en una represión brutal del ejército francés. Las cifras siguen en disputa, pero los historiadores hablan de varios miles de muertos. Mekhloufi tenía nueve años y daba sus primeros pasos en un club de Sétif. La masacre quedó grabada en su memoria y en la de toda una generación que crecería convencida de que la pertenencia a Francia era una ficción impuesta.
La guerra de independencia estalló formalmente en 1954. El Frente de Liberación Nacional combinó la lucha armada con una estrategia política sofisticada, y comprendió algo que pocos movimientos anticoloniales habían sabido aprovechar: el deporte podía ser un altavoz inigualable. La prensa francesa minimizaba el conflicto, lo presentaba como una operación de orden interno antes que como una guerra. Faltaba una manera de hacer visible la causa argelina ante una opinión pública internacional que apenas sabía lo que ocurría al otro lado del Mediterráneo. El fútbol ofrecía un terreno fértil. Decenas de jugadores argelinos triunfaban en la Ligue 1, algunos como auténticas estrellas, y el régimen colonial los exhibía como prueba de una supuesta integración. Esa misma visibilidad podía darse vuelta como un guante. Si esos futbolistas abandonaban Francia para vestir una camiseta argelina, el mensaje sería imposible de silenciar: existía un pueblo, existía una guerra y existía una causa.
La noche del 12 de abril de 1958, Mekhloufi acababa de disputar un partido de liga con el Saint-Étienne. Junto a Mustapha Zitouni, considerado por entonces el mejor defensor del campeonato francés y también convocado por la selección para el Mundial, emprendió una fuga clandestina hacia Túnez, donde el FLN tenía su base de operaciones en el exilio. No fueron los únicos. Mokhtar Arribi, del Lens, y Abdelhamid Kermali, del Lyon, formaban parte del mismo éxodo. En total, alrededor de una decena de jugadores profesionales desaparecieron casi al mismo tiempo de sus clubes.
El impacto fue inmediato. Que dos seleccionados franceses renunciaran a un Mundial semanas antes de su inicio era una bomba mediática que ni la censura podía contener. Francia llegaba a Suecia como una de las favoritas, y terminaría tercera con Fontaine convertido en máximo goleador histórico de una Copa del Mundo. La ausencia de Mekhloufi y Zitouni quedó como una herida abierta y, sobre todo, como la confirmación pública de que algo grave sucedía en la colonia. La jugada política del FLN había funcionado antes incluso de patear una pelota.
El responsable de articular la operación fue Mohamed Boumezrag, ex-futbolista quien contactó en secreto a una treintena de futbolistas de origen argelino que jugaban en la liga francesa. La pregunta era tan simple como demoledora: ¿estaban dispuestos a dejar sus carreras para representar a una Argelia que aún no figuraba en ningún mapa como país independiente?. Varios respondieron que sí, y entre ellos figuraban dos de los nombres más cotizados del fútbol galo del momento. Mientras en el territorio, los clubes argelinos operaron como una extensión territorial del FLN (al punto tal de que varios jugadores combatieron activamente en la independencia), en el exterior esta selección tenía la tarea diplomática de dar visibilidad a la causa. Es por esto que es imposible hablar de la independencia de Argelia sin mencionar al fútbol. Es una parte indisoluble.
Para los protagonistas, la decisión tuvo un costo personal altísimo. Dejaban atrás contratos, prestigio y una vida acomodada para sumarse a un proyecto incierto, financiado con recursos limitados y perseguido por las autoridades francesas. "Cuando escuchábamos el himno de Argelia sentíamos algo muy profundo. Aquello era otra cosa", confesaría Mekhloufi años más tarde. Para él, la renuncia no era un sacrificio deportivo, sino la continuación de la lucha por otros medios: la prueba viva de que en Argelia había una guerra real que el mundo ignoraba. La respuesta de las instituciones no se hizo esperar. La FIFA se alineó con la posición francesa, negó todo reconocimiento al equipo y amenazó con sancionar no solo a sus integrantes, sino a cualquier selección o club que aceptara enfrentarlos. El equipo del FLN nacía, así, como un combinado proscripto, sin federación que lo amparara y sin un solo partido oficial por delante. Su existencia misma era una provocación al orden deportivo internacional.
El primer partido se jugó el 9 de mayo de 1958 contra Marruecos, con victoria argelina. A partir de ahí, el equipo del FLN encaró una gira que se extendería durante cuatro años por geografías que reflejaban con precisión el mapa político de la Guerra Fría. Jugaron en el norte de África, en los países del bloque soviético de Europa del Este, en Asia y hasta en escenarios tan lejanos como China y Vietnam del Norte. Los rivales que aceptaban medirse con ellos compartían, casi siempre, una afinidad ideológica con las causas de descolonización.
El nivel futbolístico estaba lejos de ser anecdótico. Aquel plantel reunía talento de sobra, y los resultados lo confirmaron. Las cifras varían según la fuente, pero los registros más citados hablan de cerca de noventa encuentros disputados, con una abrumadora mayoría de victorias. Una de las actuaciones más recordadas fue una goleada sobre un combinado yugoslavo, potencia de la época que se presentó camuflado para esquivar las sanciones de la FIFA. El equipo argelino, lejos de ser una curiosidad propagandística, competía y ganaba contra rivales de jerarquía.
Cada partido cumplía una doble función. En la cancha, demostraba la calidad de los futbolistas argelinos; fuera de ella, instalaba en la agenda internacional la existencia de una nación en construcción. Pero había una tercera misión, menos visible y no por eso menos decisiva: la económica. Las giras eran también una máquina de recaudación. La taquilla de cada amistoso, las recepciones oficiales y los gestos de solidaridad de los países anfitriones se convertían en fondos para sostener la lucha independentista. El compromiso era total y se medía en cifras: el FLN exigía que cada jugador aportara el 15% de su salario a la revolución. La camiseta verde y blanca, los himnos, las banderas, todo el ritual del fútbol se ponía al servicio de un reclamo que Francia intentaba mantener fuera de los titulares. El equipo del FLN convirtió cada amistoso en un acto diplomático y cada gira en una embajada itinerante de un país que todavía peleaba por nacer. Mekhloufi contaba luego que su instrucción política se dio en estos partidos, hablando con líderes de otras naciones, entendiendo realmente lo que estaba en juego.
Argelia conquistó su independencia en 1962 y, ese mismo año, la selección argelina obtuvo el reconocimiento de la FIFA. El equipo del FLN se transformó, sin solución de continuidad, en el seleccionado oficial de la flamante nación. Mekhloufi regresó al fútbol europeo, primero al Servette de Ginebra y luego al propio Saint-Étienne, donde debió convivir con el estigma de haber sido tildado de traidor por una parte de Francia. Con la camiseta del club francés conquistó cuatro títulos de liga en los años sesenta y se consagró como su segundo máximo goleador histórico. Cuando los Zorros del Desierto de Riyad Mahrez salgan a la cancha en su quinta Copa del Mundo, lo harán como herederos directos de aquellos once futbolistas que alguna vez prefirieron renunciar a un Mundial antes que jugarlo bajo la bandera equivocada.
La historia de Mekhloufi siguió vinculada indisolublemente al fútbol argelino. Fue entrenador de la selección en la década de 70 y, mas importante aún, en el Mundial de 1982. Esa era la primera vez que Argelia iba a disputar la máxima cita del fútbol, ahora si, como país reconocido oficialmente. Mekhloufi formaba la dupla técnica que comandó a esa selección junto a Mahieddine Khalef. Ese equipo hizo historia ganándole a Alemania Occidental 2 a 1 en la primera fecha. La venganza no tardó en llegar: tras perder con Austria en la segunda fecha se dio la famosa "Vergüenza de Gijón", donde austriacos y alemanes arreglaron el partido que terminó en triunfo teutón, pero con ambas selecciones clasificadas por diferencia de gol ante una Argelia que miró en las tribunas el partido ya que todavía no se jugaban al mismo tiempo. Giros del destino, ahora Argelia enfrentará a Austria para poder "vengar" este acto. Mekhloufi falleció en 2024, pero su espíritu sigue en el fútbol argelino como un sello que cada jugador conoce e interioriza.
Volviendo a nuestra historia, la ironía llegaría diez años después de la fuga. En 1968, el Saint-Étienne de Mekhloufi conquistó el doblete y el delantero marcó los dos goles de la final de la Copa de Francia. Quien le entregó el trofeo en el palco fue Charles de Gaulle, el mismo presidente que había gobernado la República durante la guerra de Argelia. Al estrechar la mano del jugador que una década antes había desertado de la selección francesa para pelear contra Francia, el general le dedicó una frase que quedó grabada en la historia del fútbol: "Francia, eso es usted". Nada mas lejos de la verdad.
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