Las certezas que se lleva Scaloni: Lo Celso levantó la mano y Argentina amplió sus variantes antes del mata-mata
La victoria sobre Jordania dejó mucho más que el puntaje ideal. El DT encontró respuestas en varios jugadores que venían con menos minutos y ahora afronta el desafío de sumar nuevos caminos al gol antes de los cruces decisivos.

No todos los partidos sirven para medir lo mismo. Frente a Jordania, Lionel Scaloni no necesitaba confirmar que Lionel Messi sigue siendo Messi ni que Emiliano Martínez transmite seguridad bajo los tres palos. Buscaba otra cosa; quería saber cuánto había crecido el equipo detrás de los nombres habituales. Necesitaba comprobar si, cuando llegara el momento de rotar o de cambiar un partido desde el banco, podía confiar en quienes habían tenido menos minutos. Y la respuesta, en líneas generales, fue positiva.
La primera gran noticia fue Giovani Lo Celso. Su debut absoluto en una Copa del Mundo dejó mucho más que un golazo de tiro libre. Fue el futbolista que mejor interpretó los espacios, el que rompió líneas con mayor naturalidad y el que más veces pisó el área rival desde la segunda línea. De hecho convirtió tres veces: dos tantos fueron anulados por posición adelantada y el restante terminó siendo una obra de precisión desde una pelota parada. Además, mostró algo que Argentina había extrañado en algunos pasajes del torneo: un volante capaz de asociarse, de acelerar y de aparecer por sorpresa cerca del arco rival. Más que un buen partido, lo de Lo Celso fue una candidatura.
La otra certeza apareció unos metros más atrás. Leandro Paredes volvió a demostrar por qué sigue siendo una pieza de enorme valor para Scaloni. Ordenó la circulación, manejó los tiempos y fue el encargado de darle claridad al primer pase cuando Jordania decidió replegarse con muchos hombres detrás de la pelota. También filtró una asistencia exquisita para Lautaro Martínez en una jugada que terminó con un gol anulado de Lo Celso. No tendrá el despliegue de otros mediocampistas, pero conserva una virtud difícil de reemplazar: hace jugar al equipo.
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También había una cuestión personal en juego. Lautaro necesitaba reencontrarse con el gol, y lo consiguió desde el punto del penal. Sin embargo, su aporte fue más amplio. Se movió constantemente, atacó los espacios, estrelló un remate en el travesaño y participó de varias de las mejores acciones ofensivas. Más allá de la vía por la que llegó el tanto, volver a convertir siempre representa un impulso anímico para un delantero; mucho más antes de los cruces de eliminación directa.
Otra conclusión positiva es que Argentina volvió a sostener su identidad aun con varios cambios. Sin Messi desde el inicio, sin algunos habituales titulares y con un equipo renovado, la "Scaloneta" monopolizó la posesión, administró el ritmo del partido y prácticamente no sufrió durante buena parte del encuentro. El 3-1 final nunca corrió riesgos, aunque el descuento de Jordania, en una buena acción colectiva que encontró mal parado al equipo, sirvió como un oportuno llamado de atención de cara a la etapa decisiva. Esa identidad, probablemente, sea hoy uno de los mayores logros del ciclo. Los nombres cambian, pero la idea permanece.
Ahora bien, si hay un aspecto que Scaloni seguramente anotará para seguir trabajando antes del choque contra Cabo Verde, no tiene que ver con el funcionamiento general, sino con la forma de traducir ese dominio en el marcador.
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Argentina manejó la pelota, jugó la mayor parte del tiempo en campo rival y volvió a generar varias situaciones. Sin embargo, los tres goles llegaron desde la pelota parada: primero un exquisito tiro libre de Lo Celso, luego un penal convertido por Lautaro Martínez y, cuando el partido ya entraba en su tramo final, otro impecable tiro libre de Messi que terminó de sellar el 3 a 1. En los dos encuentros anteriores, además, el capitán había sido el gran responsable de destrabar las historias con su jerarquía individual.
No es una señal de alarma; mucho menos una crítica. Pero sí una invitación a seguir ampliando variantes ofensivas. Porque a partir de ahora comienza otro Mundial. El de los partidos sin margen de error, el de los rivales que defenderán cada metro y el de los detalles que suelen decidir una clasificación. Cuanto más caminos encuentre Argentina para llegar al gol, menos dependerá de una genialidad individual o de una pelota detenida cuando los espacios empiecen a reducirse.
Scaloni, de todos modos, seguramente se marchará más tranquilo que preocupado. Lo Celso levantó la mano, Paredes recordó que sigue siendo una garantía para conducir, Lautaro recuperó la confianza y el equipo confirmó que puede mantener su identidad incluso sin varias de sus principales figuras.
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El único desafío que queda por delante es conseguir que esa autoridad futbolística encuentre cada vez más caminos hacia el gol. Porque si la "Scaloneta" logra sumar nuevas respuestas ofensivas a un funcionamiento que ya transmite madurez, llegará al mata-mata con la sensación de haber ampliado todavía más el repertorio de un equipo que, hasta acá, sigue creciendo mientras gana.
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