Milei frente al acertijo de la nueva argentinidad antipolítica
La situación interna del jefe de Gabinete se volvió insostenible, estalló en la mesa política y dejó en duda su continuidad; las últimas movilizaciones populares desafían a la dirigencia e interpelan al Gobierno

Ya se habían consumido dos horas de la reunión de mesa política entre la agenda legislativa y algunos temas operativos. Una rutina útil para fingir demencia. Pero cuando sintió que la conversación languidecía, Patricia Bullrich introdujo el tema tabú que todos habían intentado eludir hasta entonces. Y ahí cambió el tono del encuentro. La burocracia de la gestión le abrió paso a la tensión de la política en un instante. La tarde del jueves estaba muy nublada.
“Lo que está pasando destruye el capital simbólico del Presidente y del Gobierno, y vos lo tenés que entender, y tenés que saber qué hacer”. Todos los que estaban ahí interpretaron claramente el sentido de la frase que la senadora le acababa de dirigir a Manuel Adorni. Sólo por cortesía no le había dicho que pensaba que tenía que dar un paso al costado. El jefe de Gabinete esbozó una respuesta para decir que no era la mejor estrategia exponer las diferencias en público porque afectaba a Javier Milei. “Tratame mejor”, reclamó. Claro, Bullrich venía de declarar que había cometido “una omisión ética”.
El clima de la conversación se volvió más tirante, pero sin que escalara el tono. Apenas hubo una intervención ocasional de Santiago Caputo. El asesor se mantuvo apartado en toda esta etapa de la estrategia de Adorni. Su último aporte fue para la exposición del funcionario en la Cámara de Diputados. Karina Milei, el escudo protector del jefe de Gabinete, cerró el intercambio destacando que su protegido había hablado como un hombre común en la decisiva entrevista de esta semana con José Del Rio en LN+, y que eso había sido positivo. No es un argumento que convenza internamente; todos saben que un jefe de Gabinete no es un ciudadano más.
Dos testigos directos coincidieron en que lo vieron aturdido a Adorni. Se enojó en un momento porque no quería que hubiera foto del encuentro, pero Karina insistió con un retrato amigable para endulzar el relato. Confía mucho en la disuasión de la imagen, como cuando difunde sus postales con Patricia Bullrich.
La frágil situación interna en la mesa política se vio sacudida por la entrevista del miércoles a la noche. La decisión de abandonar el silencio explicativo y la estrategia expuesta esa noche por Adorni fue articulada íntegramente con sus abogados y contadores. No hay un comité de crisis ni un esquema similar en la Casa Rosada. Salvo Karina, en el Gobierno todos ignoraban que se iba a anotar en el régimen de inocencia fiscal y también que iba a sorprender con la excéntrica historia de las criptomonedas.
Hay muchísimo malestar interno con él, no sólo por el costo político que les transfiere a todos, sino porque, según la definición de un alto funcionario “juega solo”. “Él dice que no robó, que es un hombre común, que no entiende los códigos de la política, pero a veces parece demasiado cínico y se abusa del respaldo del Presidente”, agregó la fuente, que admite que varios verían como un alivio si finalmente Adorni es removido.
El objetivo de Adorni con la entrevista no fue convencer a la audiencia, sino fijar una nueva argumentación judicial, focalizada en admitir la evasión para eludir un delito más grave como el enriquecimiento ilícito. De paso reconoció haber omitido voluntariamente información en sus anteriores declaraciones juradas, otra transgresión legal. El único público que le interesaba eran el fiscal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo. Entre inconsistencias y contradicciones, dejó en claro que fue una declaración jurada confeccionada desde el presente hacia el pasado, con el objetivo de que los números se pudieran acomodar a las explicaciones que debía brindar. Incluso todavía dejó abierto el anexo de su esposa Bettina Angeletti por si quedan algunos puntos inciertos.
El tejido que hilvanó entre la imprecisa herencia de su padre, su vocación pionera por las criptomonedas, el ahorro oculto de miles de dólares durante una década, el frenético raid inmobiliario de los últimos dos años, las policías prestamistas, las jubiladas generosas y las refacciones dolarizadas componen un secuencia digna de un guion de una película costumbrista.
Quienes hablaron con él después de esa incursión televisiva quedaron sorprendidos por dos comentarios. El primero, porque dijo estar convencido de que su participación en la entrevista fue muy positiva ya que recibió muchos mensajes favorables en su chat. Aunque después admitió que recurrió a un “apagón mediático”, es decir que se desconectó de las noticias durante varias horas. Así evitó enterarse de la catarata de reprobaciones que cosechó. El segundo, al señalar que está seguro de que va a ser sobreseído judicialmente en un plazo breve, una visión que contrasta mucho con las señales que emanan de Comodoro Py. “A veces no sabés si te está tomando por boludo o si se lo cree en serio”, se indignó uno de sus interlocutores.
Pero más allá de su percepción personal, algo cambió en la cúpula del poder esta semana. El discurso oficial que ordenó Karina fue decir que todo sigue igual que antes y que ya no es necesario dar nuevas muestras de respaldo público. Sin embargo, lo cierto es que esta vez se movieron las placas tectónicas.
Quienes rozan las conversaciones más profundas entre los Milei admiten que hoy no está garantizada la continuidad de Adorni en su cargo, y que el tema fue motivo de conversación entre los hermanos en estos días. Hay un cambio de situación objetivo: el jefe de Gabinete pasó de ser un funcionario sospechado a admitir un delito expresamente. El Presidente ahora debe sostener a alguien que se encamina a ser procesado y que además del discurso de la moral como política de Estado le desvirtuó la consigna de que evadir está bien, porque Adorni no sólo engañó a “la vieja política”, como dijo, también le ocultó sus bienes a esta gestión libertaria.
De paso le empastó el proyecto del régimen simplificado de Ganancias a Luis Caputo (ausente en la reunión del jueves por un viaje familiar a España, según argumentó), ya que desde ahora adherir a ese esquema queda asociado con las piruetas contables del jefe de ministros. También eclipsó algunos éxitos notables del Gobierno, como la nueva baja de la inflación, la reducción del riesgo país a partir de una mejora en la calificación de la deuda y el cierre del conflicto con las universidades. Una semana gloriosa que quedó otra vez desdibujada en el ábaco caprichoso de Adorni.
A partir de ahora el problema mayor lo tiene Milei, porque la pregunta ya no gira más en torno de si Adorni mintió o se enriqueció indebidamente, algo que la mayoría de la sociedad asume, sino alrededor de por qué el Presidente lo sigue sosteniendo. Cambió el sujeto de la interpelación. Y esa pregunta es muy incómoda porque abre el camino de las sospechas y las conspiraciones.
En una encuesta de Management & Fit de esta semana el 42,1% respondió que la razón principal por la que Milei no le pide la renuncia es “por información que posee Adorni sobre irregularidades en la gestión”. Es decir, el jefe de Gabinete le transfiere un exceso de toxicidad al Presidente. Conceptualmente va en la misma línea de un trabajo de las consultoras TresPuntoZero y Alaska, según la cual el 71,4% dijo que le cree “poco o nada” a Milei cuando defiende a Adorni, pero después hay un 36,8% que considera “bueno o muy bueno” a su Gobierno. En definitiva, el Presidente se vuelve menos creíble cuando tiene que tirarse sobre la granada que le dejó su subalterno.
Mientras los Milei resuelven qué hacer, en el Gobierno se activó un operativo de protección legislativa. Diego Santilli desgastó el teléfono en dos días para pedirles a los gobernadores que no se sumaran a una eventual moción de censura. Lo mismo hizo Bullrich entre los senadores. Encontraron receptividad pero no vocación de inmolación. “Todo depende de cómo evolucione la discusión pública”, les transmitió un referente importante de los aliados. En el Gobierno temen que a partir de esta semana se produzca una espiralización en el Congreso por fuera de su alcance, que adopte una dinámica propia irrefrenable. Hay preocupación por este tema.
En la reunión de mesa política se había resuelto empujar a Adorni a fijar una fecha en julio para dar su informe en el Senado, con la idea de dilatar un poco el escenario, pero en esas conversaciones posteriores con gobernadores y legisladores se decidió adelantarlo al jueves 2 de julio. Entienden que es insostenible mantener la situación un mes más en estos términos.
El 18 de abril el sacerdote portugués Guilherme Peixoto llenó la Plaza de Mayo con un show de música electrónica y mensajes del papa Francisco. El 12 de mayo, las calles se llenaron con la marcha federal para pedir el cumplimiento de la ley de financiamiento universitario. El 3 de junio una movilización similar se nucleó frente al Congreso convocada por el colectivo Ni Una Menos, en medio de la conmoción por el asesinato de la adolescente Agostina Vega. Y el viernes 5 la Plaza de Mayo albergó una multitudinaria misa ricotera por la muerte del Indio Solari. Algo similar podría reeditarse con el Mundial, si la selección nacional tiene un buen desempeño, como ocurrió en aquel 2022 de alegría desbordante.
En apenas dos meses, hubo una secuencia de eventos masivos movilizados por razones musicales, religiosas, de género, educativas y sociales, no por la dirigencia política. Más allá de que cada una de estas convocatorias tuvo un sustrato político y un tono opositor (en particular la marcha universitaria), no fueron aglutinadas por los actores clásicos que durante mucho tiempo monopolizaron las calles. No había al frente sindicatos, movimientos sociales o partidos, hoy muy limitados a la hora de construir legitimidad para aspirar a una masividad similar. Pueden acompañar, no liderar. Tampoco sobreviven aquellas movidas cívicas en defensa de las instituciones que se concentraban en el Obelisco.
Hay una expresividad en las calles mucho menos organizada y más aluvional, que se siente convocada por móviles no estrictamente políticos. Es más, trasluce una idea antipolítica, que es la que antes representaba Milei y hoy está en duda. Sobre ese capital simbólico golpea el caso Adorni, porque termina de transformar en casta a quienes venían a combatirla.
Esa emocionalidad contestaria es heredera del desencanto que imperaba en 2023, y que terminó de ser catalizada por la irrupción libertaria. Vuelve de a poco aquella vieja desilusión renovada, pero ya con Milei dentro de la cuenta, no como un redentor externo dispuesto a rescatar a una sociedad agobiada. Y nadie está en condiciones de representar ese desengaño, más allá de que una parte del peronismo se haya entusiasmado.
Prueba de ello fue que cuando algunos quisieron cantar consignas partidarias en algunas de esas movilizaciones o en recitales de artistas críticos del Gobierno, no tuvieron eco. La gente no quiere que la política colonice su expresividad. Incluso aparta al Estado. Prefiere que la policía se corra del control y mostrar que puede haber una movilización espontáneamente pacífica. Hay un intento de desintermediación y autogestión, que luce civilizada pero que en el fondo denota un grado progresivo de anomia.
Pablo Alabarces, sociólogo que estudió el fútbol y la música como fenómenos populares, plantea que lo visto en los últimos meses en términos de ocupación de la calle sigue una larga tradición argentina, pero tiene características particulares porque no la capitaliza nadie y porque es muy transversal en términos etarios, geográficos y de género.
“Hay en ese tipo de movilizaciones la construcción de un sentido de colectividad, donde la gente se reconoce como comunidad”, señala, y la asocia con la instalación cada vez más firme de que la identidad argentina se define en torno de la pasión, de la emocionalidad, de la lógica del “aguante”. “Creemos que somos los hinchas de fútbol más fervorosos y el público de recitales más expresivo. Los mejores del mundo. Incluso la publicidad mundialista apela a ese rasgo”, agrega.
En esa necesidad de definir la argentinidad en términos de una pasión desbordada emerge también un atajo para tramitar las frustraciones en otros planos. Como el país no logra ser rico, poderoso o influyente porque fracasaron los proyectos políticos y económicos durante décadas, entonces el objetivo es ser campeones mundiales de la emocionalidad, el fervor y el fanatismo.
El sentir nacional es una construcción subjetiva que cada comunidad gestiona dentro de sus posibilidades. Hoy la argentinidad es un concepto que está en una etapa de fuerte redefinición, y que es muy convocante, especialmente entre los jóvenes. No gira en torno del Himno Nacional o de los héroes patrios. Orbita alrededor de una emocionalidad que define el carácter nacional en términos de su pasión sin límites, que no está intermediado por ningún tipo de representación y que se ha transformado en un enorme acertijo para la política. Desde ahora, también para Milei.
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