Ni dormir más ni tomarse vacaciones: las señales que revelan que el estrés ya se volvió un problema
Aunque es una respuesta natural del organismo, cuando se vuelve permanente afecta la salud física, mental y el rendimiento diario.

Aunque es una respuesta natural del organismo, cuando se vuelve permanente afecta la salud física, mental y el rendimiento diario.
Por Gabriela Semmartin en TN
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Quien más, quien menos, todos nos hemos sentido alguna vez cursando una situación de estrés.
Según explican los especialistas, el estrés en sí no es negativo, de hecho, es una respuesta sana y necesaria. "Ante una demanda, el cuerpo se activa, sube el cortisol, nos pone en guardia para responder. Pero el problema no es activarse, es no poder volver a la calma", explica María Paula Tripaldi, psicóloga (MP 2826).
Cuando eso ocurre, entramos en lo que los especialistas denominan estrés crónico, y que podemos graficar como una especie de alarma que se queda prendida semanas o meses, que se instala y nunca termina.
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Cómo se siente cuando sentimos que ya no damos más
"Suelo usar con mis pacientes la analogía del celular. El estrés normal es como cuando usas el teléfono: gastás la batería durante el día y a la noche lo enchufás y se recarga. Eso es sano. El problema del estrés crónico es que podés estar meses gastando más de lo que cargás y la batería nunca vuelve al 100%", agrega Tripaldi en un intento por graficar cómo se ve y se vive el estrés crónico.
"Se siente en el cuerpo, con un cansancio que no se recupera durmiendo, tensión muscular, dolores de cabeza, problemas digestivos, resfríos, ya que baja la inmunidad; en la cabeza a través de la niebla mental, falta de concentración, olvido; en lo emocional, con mucha irritabilidad, ansiedad, ánimo bajo y pérdida de disfrute; y en la conducta, con aislamiento, la cancelación de esos planes que hasta hace poco eran un planazo, o pérdida de apetito", enumera.
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Desde afuera parece desinterés o que la persona "se volvió difícil", pero lo cierto es que su capacidad está agotada. "Cuando estás al 4%, no te queda batería para nadie: cancelás el cumpleaños, contestás cortante, dejás de responder", sentencia.
En términos laborales, afecta muchísimo el desempeño y la calidad de aquello que hacemos. "Y lo más engañoso es que al principio muchas personas siguen funcionando. Siguen entregando, respondiendo, cumpliendo, yendo a trabajar. Desde afuera parece que pueden, pero por dentro están agotadas. Podemos hacer muchas cosas, pero con menos claridad, menos creatividad, menos paciencia y menos capacidad de pensar. Y ahí ganan terreno los errores, la dificultad para priorizar, las discusiones, la impulsividad, la falta de motivación, el desgano, y una sensación de estar todo el tiempo apagando incendios", aclara Romina Halbwirth, psicóloga (MN 26252).
En síntesis, "la persona hace más esfuerzo, sin embargo obtiene menos resultado. Se esfuerza más y aun así piensa peor. Está más horas conectada, pero con menos claridad. Quiere rendir más, pero cada vez tiene menos recursos internos para sostener ese rendimiento".
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Ellas sufren lo que ellos ignoran
A la hora de analizar por género, son las mujeres las que reportan más estrés y cargan con más diagnósticos de ansiedad y depresión asociados a esta patología, "en parte por la carga de cuidados y la doble jornada, pero también porque hay más permiso social para nombrarlo", indica Tripaldi.
"Los varones muchas veces lo subregistran y lo expresan distinto, por ejemplo con mayor irritabilidad, somatización, consumo…" y suele ser la franja etaria comprendida entre los 30 y los 50 años la que mayor incidencia presenta, fundamentalmente por la exigencia y la carga que presuponen el trabajo, la familia y la economía en esta etapa de la vida.
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"En términos laborales, son aquellas profesiones relacionadas con salud, educación, tareas de cuidado, fuerzas de seguridad, trabajos con alto riesgo físico o relacionados con el sufrimiento humano o situaciones límite, o aquellas donde la persona queda más aislada de su red afectiva, como puede pasar en ciertos empleos con rotaciones largas, viajes frecuentes o en contextos extremos, como minería, navegación, fuerzas armadas", explica.
Pero también hay un signo de época que es el que nos expone y hasta podríamos decir, propicia su aparición. "La incertidumbre es muy alta. Hay incertidumbre económica, laboral, tecnológica, vincular, social. Entonces mucha gente intenta compensar eso trabajando más, controlando más, exigiéndose más, estando disponible todo el tiempo. Y también hay algo muy actual, que es la dificultad para cortar. Antes uno salía del trabajo y, de alguna manera, el trabajo quedaba lejos. Hoy se cuela por el celular, por el mail, por el grupo de WhatsApp, por la notificación, por la urgencia del otro. Entonces el horario termina, pero el sistema nervioso sigue conectado. No alcanza con irse físicamente de la oficina, porque mentalmente seguimos ahí dentro", grafica Halbwirth.
Cómo reiniciarnos y recuperar nuestro bienestar
Las claves para terminar con el estrés crónico parecen descansar en dos palabras: detección —temprana— y recuperación —cotidiana—.
"Es fundamental aprender a leer las primeras señales, ese cansancio permanente que no sabemos de dónde viene, la mecha corta que nos hace saltar de manera desproporcionada o el aislamiento", sostiene Tripaldi.
La idea central es volver a entrenar al sistema nervioso para regresar a la calma. Identificar y bajarle el volumen a los estresores crónicos. "Practicar técnicas de respiración, más movimiento, descanso real, conexión con la naturaleza, contacto con otros y todo aquello que activa el freno parasimpático; hacer un trabajo cognitivo para desarmar las etiquetas y las autoexigencias que sostienen la alerta; y por último, reconectar con el disfrute y los vínculos, que son amortiguadores, no lujos. Todo eso es de gran ayuda en este sentido", señala.
También es fundamental dejar de romantizar el agotamiento. "Estar ocupado no siempre es estar haciendo algo importante. Estar disponible todo el tiempo no siempre es compromiso. Y descansar no es perder el tiempo: es parte del funcionamiento psíquico, físico y laboral", agrega Halbwirth.
En suma, se trata de volver a las bases, recuperar el tiempo para el sueño, el movimiento, los vínculos y, sobre todo, salirse de la idea de que poder con todo, abandonar el perfeccionismo, que es un combustible del estrés. Según explica, la clave es volver a preguntarnos "para qué estamos haciendo lo que hacemos".
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