"Se puede ser CEO, rico y santo": la definición del ex Google que hoy preside ACDE
A meses de asumir la presidencia de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, Víctor Valle habla de todo: cómo ser un empresario con valores, la IA ética y el consenso en la Argentina

Víctor Valle llega a la sede de la ACDE mochila al hombro y la entrevista comienza con la sesión de fotos. El ejecutivo ya está acostumbrado; durante más de cuatro años lideró una de las empresas tecnológicas más reconocidas del mundo: Google.
Sin embargo, no le cuesta ponerse en su nuevo rol, el de presidente de la Asociación Cristiana de Dirigente de Empresas, entidad que congrega a más de 1000 dirigentes y que, en los últimos tres años, creció un 30 por ciento. El crecimiento también se vio en la cantidad de provincias que hoy tiene la asociación que hoy ya está en 11 provincias y abriendo en varias más.
En un principio parece que la tecnología no será parte de la charla como Valle estaba acostumbrado; sin embargo, como no podía ser de otra manera en estos tiempos, siempre se cuela.
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"La presidencia llegó sin esperarla", admite y cuenta como tomó la decisión: "Se lo encomendé mucho al Espíritu Santo; 'lo que yo no puedo hacer lo hacés vos', le dije".
A Valle le tocará en su mandato -tres años no reelegibles- estar en la ceremonia de beatificación -el paso previo a la santificación o canonización- de uno de los fundadores de ACDE, Enrique Shaw. Si bien la Iglesia aprobó oficialmente el proceso en diciembre de 2025, aún no se sabe la fecha de la ceremonia que convertirá a Shaw en el primer beato empresario de todo el mundo. "Ser presidente de ACDE es una responsabilidad enorme. La Asociación fue un sueño y una necesidad que vieron empresarios allá por la década del '50 y Enrique Shaw fue el primer presidente por dos periodos", expresa Valle que reemplazó a Silvia Bulla en el cargo.
"Estar en el lugar de Shaw, que para mí es un referente enorme, me provoca un sentimiento de alegría y a la vez de humildad muy grande. Su vida es claramente una señal muy fuerte de que se puede ser santo, se puede ser una buena persona y ser rico, ser CEO o empresario; se pueden las dos cosas y se puede al extremo. La vida de Enrique es un ejemplo radical de compromiso y entrega total a su misión como empresario, que él la veía como una misión muy noble", explica el ex CEO de Google.
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-¿Ser rico y cristiano son realidades compatibles?
Todos recibimos dones de diferente tipo desde nuestra personalidad, nuestro intelecto, hasta la familia que nos tocó y también la educación que recibimos, los amigos, dónde nacimos y las condiciones económicas en las cuales lo hicimos. Son todos regalos que Dios nos da. Con esos dones tenemos que hacer algo. Entonces, cualquier cosa que recibimos siempre tiene que estar puesta al servicio de los demás. Si no, no tiene sentido. Aparte también nos empobrece como persona, si nos auto servimos todo el tiempo.
Enrique justamente fue una persona que creció mucho en este sentido. Puso mucho por llevar el mensaje de Cristo a las empresas, a las decisiones, poniendo mucho al obrero en el centro y jugándosela también.
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-¿Tuviste una educación católica, cómo fue tu camino de conversión?
Sí, como decía Santo Tomás con altos y bajos. Diría que hace varios años estoy muy comprometido. Como todo, fui aprendiendo. Nací en una familia católica, recibí un lindo ejemplo de chico, estuve en Acción Católica, fui a misionar y dirigí grupos de jóvenes. Pero después, obviamente, de grande tenés el sano cuestionamiento.
Y un amigo en la facultad me habló de Enrique Shaw, yo no lo conocía. Pero todo lo que hizo me interpeló. Si él se la jugó porque yo no.
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-¿Qué actos de este empresario te interpelaron?
En una oportunidad, a Enrique, tras un vaivén en la economía local, sus accionistas que eran norteamericanos y le pidieron despedir bastante gente. Y él dice que si echan obreros él renuncia, pero vuelve a Estados Unidos con un plan para dar vuelta la cosa sin echar a nadie y con un esfuerzo de toda la compañía. Eso permitió que, unos meses después, la empresa ganara un contrato muy grande porque tenía justamente la gente. A veces, tomar decisiones de dejar ir gente, es una pérdida de capital institucional y memoria institucional que es súper importante para la empresa.
Otro ejemplo, también en un momento de un bajón económico. Cristalería Rigolleau -NdR: la empresa que Shaw dirigía y que era había sido fundada por la familia de su mujer-, estaban con la planta con capacidad ociosa. Tenían la posibilidad de producir unas botellas a un costo bajísimo, al costo marginal y básicamente quedarse con todo el mercado; que la competencia desapareciera. El grupo gerencial le propone esto y Enrique dice que no porque no quería dejar en la calle a las familias de la competencia. Claro es difícil tomar esas decisiones. Y por las vueltas del destino, la empresa que recientemente terminó comprando Rigolleau es esa compañía que no se quedó fuera en ese momento.
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-Alguien vería eso como un fracaso...
Totalmente, sí, sí. Pero él tenía como un compromiso con las personas que formaban parte de la empresa y ese foco hace que el trabajo deje de ser parte de un engranaje productivo y pase a ser un medio para la realización de la persona.
Porque al fin y al cabo el trabajo es intrínseco de la realidad humana desde siempre y es una forma para que nosotros podemos co-crear con Dios.
-¿Este mensaje es utópico hoy en la Argentina? ¿Cómo se lleva a la acción y se deja de ser declarativo?
Uno sobre cero es infinito. Entonces, hay que ir dando pasos concretos y siempre avanzar. No bajar los brazos. Pero hay empresas en el mundo que han tomado el compromiso del cuidado de la persona.
-¿Hubieses renunciado en el caso de que te hubiesen pedido algo que no estaba de acuerdo a tus valores?
Totalmente. Sí, sí, sí. Y hay gente a la que le consta. No hubiera vendido mi alma jamás.
-¿El mundo corporativo te aleja de la espiritualidad?
Hay dos cosas que se me ocurren ante esta pregunta. Primero, no sé por qué es tabú hablar de espiritualidad y religión en las empresas y no tendría por qué ser así. No es que uno vaya a hacer proselitismo a las empresas, pero sí que pueda llevar esa parte de uno que es tan importante y vivirla con libertad. Eso me parece que estaría bueno que pasen todas las empresas, naturalizarlo. La gente le tiene miedo a la palabra religión y no sé por qué. El que busca encuentra y si buscas encuentras algo muy lindo.
Igualmente, la fe hay que esperarla, no tanto buscarla y hay que estar listo para recibirla. También eso nos cuesta en una sociedad productiva como la actual encontrar ese espacio interior para que Dios entre.
Por el otro, creo que hay una cultura que se fue enraizando en nuestra sociedad, con los criterios de productividad, de rentabilidad y el exitismo que priman como valor por sobre otros valores. No es que la rentabilidad no sea necesaria, es indispensable. Se fundió porque era bueno, no existe; la eficiencia es un deber del empresario. Pero, claramente tiene que estar ordenado un fin, que es el fin de producir bienes y servicios que contribuyen al bien común. Y la empresa tiene que tener ese fin, contribuir al bien común y contribuir a la elevación de las personas que pasan por la empresa: los clientes y los empleados en primer lugar, porque son una comunidad de vida.
Entonces, a veces cuando se disocian estos dos fines, ahí sí cuando cuesta justamente llevar la ética porque prima un valor por sobre el otro y es difícil ser ecuánime.
En tiempos de avance de la tecnología, que es cada vez más acelerado, con el afán de producir nos estamos olvidando de nosotros mismos.
Del mundo frenético del trabajo lo que más me preocupa es cómo se saca de foco a la familia. Cuando debería ser el fin primordial de por qué hacemos lo que hacemos. Yo creo que el fin de la sociedad tiene que ser, en primer lugar, formar familias fuertes porque de esa forma formamos personas fuertes. Y hoy el ritmo actual en el que vivimos no deja, por un lado, el trabajo intenso y, por otro lado, la tecnología y la hiperconectividad que nos lleva justamente a desconectarnos de la de nosotros mismos y a perder capacidad de poner atención en lo que importa.
Ese es un mal de la época que con todos los beneficios que tiene la tecnología, me parece que hay que atender en forma urgente. Me parece que es injusto, sobre todo para las nuevas generaciones.
-Se asocia a los valores cristianos con conservadores, ¿puede una mujer tener un rol directivo en una empresa y a la vez formar una familia fuerte?
Conozco matrimonios que hicieron y lo hacen muy bien. No hay que descuidar a los hijos. Las personas reciben diferentes dones, no es fácil, va a ser un desafío grande de los dos.
El partido lo tienen que dar la familia. La familia gana el partido, más allá de lo económico quiero decir, cuando salen buenas personas, formados... Es importante lo siguiente: de los padres recibimos el amor incondicional. Y a veces cuando se mete el trabajo en el medio pasa a ser una condición para el amor de los de los hijos. Y entonces los hijos están por debajo de eso y me parece que no tiene que ser así. Si viene hay que traer el sustento, y eso es el rol de los dos.
Lo que sí pienso que es que no es tiempo calidad, es cantidad de tiempo también. Es cantidad de tiempo y creo que hay un rol de la mujer que es indelegable, sobre todo en los primeros años de los hijos. O sea, nunca terminas de ser padre, hasta que sos muy grande, siempre seguís siendo padre, pero me parece que cuando los chicos son chiquitos y sobre todo que van formando el apego y el amor incondicional, la autoestima y la seguridad que hay que estar mirándolos. Hoy el mundo tiene tantos estímulos comparados con hace 40 años que hay que estar atentos. Entonces, la presencia de los padres es esencial, de los dos.
-¿Las empresas tienen en cuenta esto?
Alguna sí, yo vengo a una empresa que lo que lo tenía en cuenta si viene en el intenso teníamos licencia de paternidad de 4 meses, tenías licencia de paternidad extendida. Tenías una vuelta al trabajo que era paulatina, el primer año podías trabajar menos horas.
Me parece que eso ayuda a que la mujer pueda compatibilizar mejor. Y, después, también cambiar la mirada sobre el tema de la carrera, sobre el tema de los tiempos. Empezar a reconocer a la gente independientemente de la edad que tenga, sobre todo ahora que se está extendiendo la etapa laboral.
Desde las empresas renovar esa mirada y de las personas renovar justamente la mirada propia de estar siempre aprendiendo, porque también uno puede quedarse en un lugar de no aprender y te quedás fuera de lo que el mercado necesita. Pero si uno está siempre invirtiendo en aprender cosas nuevas, no veo por qué hoy la carrera puede ser muy extensa que lo que lo que lo que lo que lo que lo que fue nunca.
-¿Cuál crees que es hoy el rol de ACDE? ¿Se busca que sea más activo o solo declarativo?
Tuvimos una sesión de planeamiento en marzo con el equipo directivo y ya tenemos nuestras líneas para trabajar los próximos tres años que es lo que dura cada presidencia. Lo primero que queremos es un ACDE en salida, un ACDE que vaya a la búsqueda de los líderes, de los dirigentes que toman decisiones. Una ACDE que esté en la calle, interactuando, que sea faro.
Queremos, por un lado, ofrecerle un espacio abierto a personas de bien, no tiene que estar bautizado. Mirando a los socios es un lugar donde pueden encontrarse con pares que les importa vivir la fe o la espiritualidad o que busquen un sentido de trascendencia en el día a día en el trabajo.
El país que queremos va a exigir renuncia, va a exigir grandeza y magnanimidad
Van a poder conocer gente, profesionales que tienen estas inquietudes. Entonces les ofrecemos grupos de pares, grupos de referencia, capacitaciones. Tenemos un talento enorme en la base de socios de ACDE. También traemos personas de afuera a que nos den capacitaciones. Estamos ahora llevando a cabo, por ejemplo, una capacitación para líderes en Doctrina Social de la Iglesia.
Y después poner a Cristo en el centro. Que sepan que Cristo va a estar presente, que eso es lo que nos distingue como cristianos. Y que nos gustaría decidir como Cristo hubiera decidido en las situaciones que se nos plantean en cada día.
Y lo que me está dando vueltas en la cabeza en las últimas semanas es la idea de generar un diálogo, promover o fomentar un diálogo entre las personas que piensan distinto y como decía el Papa Benedicto XVI, tratar de encontrar aquello que nos une. Creo que lo que nos une con un montón de líderes de la sociedad es que queremos sacar a Argentina adelante y poner eso por arriba de todas las cosas.
Me tomé el trabajo de leer entrevistas profundas que les hicieron a los últimos presidentes de ACDE y cada gestión tuvo su sello distintivo, pero también ves que lo todos los mandatos tuvieron en común: la incertidumbre. Y eso llevó a que el empresariado construyera fosas para defenderse del contexto, como en la Edad Media.
Tenemos que buscar una versión superadora de Argentina, sobre todo ahora que se nos ofrece un horizonte completo de prosperidad.
-Tender puentes...
Sí, hacia el país que queremos ser y va a exigir renuncia, va a exigir grandeza y magnanimidad. Va a exigir un montón de esfuerzo. Ya vimos que por el lado del individualismo no va. Está bastante claro que esa no es la respuesta que las personas necesitan. Entonces, podemos probar algo distinto.
-¿Piensan en tender puentes también con la política?
Totalmente. Me gustaría fomentar el diálogo e interactuar con cámaras empresariales, con los sindicatos, con el gobierno, con todos los partidos políticos ofreciendo nuestro punto de vista y siempre buscando sentar a la mesa a los que piensan distinto.
Me parece que Argentina no se puede dar el lujo de no hacerlo por nuestros nietos, porque tenemos una oportunidad concreta de ser prósperos, bueno, hagámoslo. No hay excusa de echar la culpa al de afuera ya a esta altura. No digo que la geopolítica no tenga que ver, ahora nos favorece, pero, en otras épocas no. Argentina como país hemos recibido muchos dones y sobre todo lo que tiene la Argentina y que es súper importante para la nueva etapa que se abre con la inteligencia artificial es la familia, la amistad y la importancia que le damos a los vínculos. El otro día leí una encuesta, en YouTube o en TikTok que medía la calidad de los vínculos. Y decía esto, Argentina ranquea segunda en calidad de vínculos, está 10 puntos por arriba del promedio mundial y eso está totalmente relacionado con la salud mental. Y eso es lo que me parece que como país podemos llevar al mundo. Esta combinación de tecnología con lo más importante que justamente son los vínculos.
-¿Desde ACDE tienen alguna postura tomada sobre la reforma laboral?
Sí, en su momento hicimos una serie de artículos. Nuestra posición favorable claramente, porque genera condiciones para invertir. Al empresario no lo puedes obligar, lo tenés que seducir. Está tomando un riesgo, entonces quiere, dentro del mundo incierto, previsibilidad en las reglas de juego y libertad para accionar dentro de un marco ético. Y me parece que, justamente, un mercado laboral más flexible ayuda. Lo positivo es que va a favorecer la formalización y la inclusión, que no es menor, porque hoy tenemos la mitad de la gente que está fuera de la del mercado formal.
Además, el tema de la certeza jurídica que hace que el empresario pueda invertir con más certeza.
-¿A este Gobierno le cuesta hablar de pobreza?
Si te remitís a los hechos, porque no hay que ver tanto lo que dicen sino lo que hacen, el gasto social aumentó es el único que aumentó en términos reales. Después que en la búsqueda de eficiencia se pueda cometer algún error o cortar de más en algún lado o de menos en otro; puede pasar y es difícil arreglar en pocos años el desmadre de tanto tiempo. Pero, el haber sacado la intermediación en los planes sociales mejoró la transparencia y también liberó a un montón de personas que en el fondo estaban haciendo subyugadas.
Ahora, la única forma de salir adelante en la Argentina es con trabajo. Y la única forma de que el consumo aumente es que haya mejores salarios y para que haya mejores salarios tenemos que ser más productivos. Si el país es más productivo va a haber mejores salarios, pero hay un montón de factores que influyen en la productividad del país
Pero primero aumentar salarios para después no poder vender al mundo lo que tenemos que vender no tiene sentido. Entonces me parece que como país tenemos que hacer nuestros deberes después de muchos años con incentivos en la economía distorsionados, sobre todo por la inflación como principal factor y precios relativos totalmente distorsionados e incentivos incorrectos para buscar la productividad. Ahora llegó el momento de buscar hacerlo. No es fácil cambiar de un modelo a otro, pero es necesario.
-¿Qué pasa cuando hay ganadores y perdedores?
Es como en la vida. Pero hay que poner mucho foco en los que menos tienen, ese es un deber moral del empresario, sin duda. Ahora, me parece que Argentina tiene que producir en aquellas cosas en las cuales somos competitivos. Pretender ser competitivo en todo es muy difícil y ningún país del mundo lo es. Tenemos buenas cartas para jugar el juego en ese sentido. Te salto un par décadas hacia adelante: la IA está produciendo una revolución en la forma en la que trabajamos y está pudiendo, si bien no es inteligente como somos nosotros, hacer algunas actividades racionales o cognitivas que históricamente hacían las personas.
Entonces, en ese sentido se está liberando capacidades cognitivas y, para países como el nuestro, va a haber muchas más herramientas en lo concreto que van a permitir que las empresas innoven produciendo mejores bienes y servicios. En ese sentido, para Argentina la cancha se niveló, sobre todo para las PyMes que pueden incorporar estas herramientas con agilidad. Hay un costo que vos para incorporarte. Hoy la limitación que hay para que la tecnología o la IA como tecnología primordial de esta época es la capacidad de cómputo.
En el futuro, cuando eso se vaya ampliando, suponiendo que el mundo va generando más capacidad de cómputo porque es un vale la pena invertir ahí, la restricción va a ser los recursos naturales. Y la Argentina está en el lugar, en el cuadrante correcto. Entonces es cuestión de gestionar con responsabilidad en un plan de largo plazo. Acá tenemos que levantar la mirada de la coyuntura y pensar en cinco o diez años dónde queremos estar y avanzar un poquito cada día.
-¿Es fundamental la continuidad?
Hay que tener paciencia, no esperar soluciones mágicas o rebotes vertiginosos como tuvimos en otra época y que después no redundaron en una economía sustentable. Si queremos una economía sustentable hay que ir paso a paso.
Cada vez que a Víctor Valle se le hacía una entrevista como CEO de Google se hacía referencia a una condición muy especial: él fue el primer empleado que la empresa norteamericana tuvo en la Argentina. A pesar de los 20 años de trayectoria, un día decidió cambiar el rumbo y encarar su propio proyecto.
-¿Por qué dejaste Google?
Hago esta comparación: a mí me encanta la trilogía Star Wars y la podría ver una y otra vez. Pero también hay otras trilogías o películas para ver y me parecía que era un excelente momento para soñar en grande y estar del lado donde pasa la acción con las empresas que necesitan incorporar inteligencia artificial y no saben cómo hacerlo.
El C-Level está tomando cada vez más conciencia de la importancia de incorporar tecnologías avanzadas para que el país prospere, para ser más competitivos, para desbloquear más oportunidades en sus negocios, para crear negocios nuevos. Cada vez más hay un sentido de urgencia de hacerlo, pero no saben cómo. Claramente no es no es una moda. Está el dato del año pasado: 95 por ciento de los proyectos de IA fracasan, entonces hay que mirar ese 5 por ciento para ver cómo hacerlo.
Y vi una oportunidad de mercado importante ahí de empresas y CEO que necesitaban un acompañamiento de este lado, entonces me junté con algunos socios y ya estamos trabajando con algunos clientes acá y en México.
-¿Existe una IA ética o con valores?
Totalmente y creo que es la mejor forma de trabajar. Poner la tecnología al servicio de las personas y no al revés.
-¿Las empresas tienen esta mirada o están ocupadas en aprender la tecnología per se?
Todavía hay mucha necesidad de que los líderes y directores se alfabeticen. La alfabetización en esta tecnología es esencial. No me parece una responsabilidad delegable. Pensar que las personas solas van a poder pegar el salto es un poco ingenuo; hay que ser muy proactivo en gestionar ese cambio para que redunden en un bien mayor para todos.
-¿Crees que con la IA va a quedar gente afuera?
No necesariamente, aunque todos los roles se van a modificar. Como toda innovación va a haber puestos que van a desaparecer y otros que se van a crear. Se viene un mundo distinto desde el punto de vista laboral, pero eso no me asusta porque el ser humano históricamente ha podido cambiar cuando se requirió un cambio. Sí me preocupa con la despersonalización y el impacto en las nuevas generaciones.
Me gusta mucho la tesis que tiene Josef Pieper, este filósofo alemán católico. Justamente, le puse el nombre a la empresa Pieper AI por él. Él dice que en el fondo lo que nos hace más felices es estar en contacto con lo que nos rodea, los vínculos, y eso es más un contemplar que un hacer. Ésta es una sociedad que premia mucho el hacer. Es más valioso lo que te cuesta esfuerzo; si me costó vale más. Y no necesariamente es así, hay cosas que no nos cuestan nada y son muy valiosas. Entonces, tenemos que desafiarnos a que quizás cambie la idea del trabajo y nos cueste un poco menos hacer algunas cosas, pero no va a ser menos valiosas.
Por eso, me parece que la formación humanística es más importante que nunca. Justamente la vida interior es lo que hace que la persona se enriquezca. Si la persona está formada con vida interior y le das herramientas para un fin superior, esa persona la eleva. Ahora, si tenés una mirada de la persona que es totalmente materialista, donde el único fin es consumir, tener y producir y justamente la IA viene a sacarte ese producir, te quedas sin persona. Y esa es la causa de la angustia, el miedo y la desesperanza.
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