Tiempos difíciles: el servicio de delivery copa a toda hora las calles de Rosario
Se estima que nueve mil personas hacen entregas a domicilio en moto o bicicleta. Cómo impacta su presencia en la trama urbana

Se estima que nueve mil personas hacen entregas a domicilio en moto o bicicleta. Cómo impacta su presencia en la trama urbana
Por Alicia Salinas
Uniformados y con mochilas en forma de cubo, donde llevan la comida y otras mercaderías, conversan o simplemente descansan en un cantero de la plaza San Martín. Uno toma agua de un surtidor público, otros miran el celular junto a su bicicleta. Cuando cae la tarde, lo que parece una manifestación en una ochava, frente a un local de hamburguesas, es un nutrido grupo de repartidores aguardando de pie a que voceen su nombre para transportar lo más rápido posible el pedido a destino. Es que la velocidad cuenta para conseguir nuevos viajes. Ya son las 2 de la madrugada de un día de semana y casi todos duermen, pero un cadete surca una calle rosarina para acercar el último kilo de helado de la jornada. Estas viñetas ilustran un fenómeno urbano que despegó en el último cuarto de siglo: se estima que en Rosario unas nueve mil personas realizan entregas a domicilio o delivery en el marco de nuevos hábitos de consumo y canales de distribución. ¿Cómo los integra la ciudad a sus espacios públicos y privados?
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Nicolás Martínez tiene 33 años y hace 13 que reparte arriba de una moto. También preside la primera mutual del país que desde 2023 nuclea a trabajadores del sector y ha impulsado en la última década la creación de un sindicato. El Estado nacional todavía no aprueba la agremiación, ni tampoco reconoce la relación de dependencia la última reforma laboral, pero en los hechos el colectivo está organizado. "Somos los únicos en la provincia de Santa Fe, aunque el primer sindicato comenzó en Buenos Aires en 2001", recuerda Martínez, y apunta que uno de sus integrantes fue asesinado en la represión del 20 de diciembre de aquel año, lo que dio origen a que en esa fecha se conmemore el Día del Cadete en la Argentina. ¿Qué pasó en el último cuarto de siglo que provocó la proliferación de la actividad?
"Yo empecé en esto como un rebusque. Pero al final, como no entrás al mercado laboral formal, se transforma en tu oficio", afirma el joven repartidor, y agrega: "Cada vez somos más los que salimos a cadetear; se repite que nuestra tarea crece en épocas de crisis". El fenómeno es global, y obedece también a las nuevas preferencias de clientes y consumidores, la compra de todo tipo de productos por internet, el acceso a las plataformas digitales a través del celular y hasta la pandemia de coronavirus. "Históricamente fue un trabajo de hombres, pero desde 2019, cuando llegaron las aplicaciones, se están sumando más mujeres y ahora vienen hasta jubilados", continúa.
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"En las cuarentenas fuimos esenciales y después descartables. Estamos precarizados, queremos tener derechos", insiste Martínez. La mayoría se desempeña como monotributista y circula en ciclomotores de baja cilindrada. "Esta actividad llegó para quedarse y su crecimiento debe ir acompañado por reglas para usuarios, empresas, trabajadores. Porque movemos parte de la economía de la ciudad", completa.
Y es la licenciada en Economía María Victoria Scarione Avellaneda quien toma la posta: "Hay una externalización de costos, es decir que las grandes compañías no asumen determinados costos. En cambio, los derivan a los repartidores (nafta, mantenimiento de los vehículos, seguros) y a las ciudades, que proveen el arreglo de las calles, la iluminación, y los espacios de higiene y descanso, si es que hay. Las ciudades venían preparadas para los vehículos, para los peatones, no para este tipo de trabajadores que están todo el día en la calle. La actividad evolucionó más rápido que la infraestructura urbana".
Scarione Avellaneda, profesora universitaria en varias facultades de la UNR, apunta que "por un lado es necesario hacer muchos viajes para lograr un buen ingreso y por otro las plataformas premian a quienes garantizan más rápido las entregas". Los repartidores están apurados, urgidos. "Se generan problemas de seguridad vial, hay veredas ocupadas, se desordena la ciudad. Eso repercute en los vecinos de los comercios, en transeúntes que quieran caminar por las veredas, en los conductores. Empieza a generarse malestar. ¿Quién se hace cargo de todo eso? ¿Quién debe dar respuesta?", se pregunta, y enseguida resalta que "los trabajadores corren con muchas desventajas: tienen una relación laboral encubierta, no disponen de un local al que dirigirse para descansar, usar el baño o cargar el celular y hasta los clientes pueden hacerles una reseña negativa si se demoran o la comida llega fría".
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En ese sentido, desde el gremio recuerdan que en Rosario existe una ordenanza para el rubro, pero de 25 años de antigüedad, es decir que se redactó antes de que la actividad se multiplicara y cambiara de forma en el marco de la digitalización de la vida cotidiana. Por eso impulsan en el Concejo municipal un proyecto de nuevo marco regulatorio: entre sus pilares figura la creación de un registro oficial, de modo que pueda saberse con exactitud cuántos son y para quiénes trabajan.
"Estamos en la calle con frío, con lluvia, con el asfalto quemando en verano. El trabajo no se detiene nunca. Los primeros cadetes arrancan a las seis de la mañana con mensajería y los últimos terminan a las dos de la madrugada aproximadamente", amplía Nicolás Martínez, referente de los repartidores rosarinos, cuyas asambleas se celebran en La Toma. Los momentos pico de la jornada son los horarios de comida, la noche en primer lugar y después el mediodía.
"Pedimos paradas seguras para cargar los teléfonos, para higienizarnos, para esperar. Que una vez que estemos registrados nos den un código QR, para agilizar cuando haya un operativo (de inspección vehicular, de fuerzas de seguridad)", explica Martínez. La mayor concentración de repartidores en las calles y en los comercios gastronómicos se da los fines de semana en horario nocturno.
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"Surgen nuevas postales urbanas, como la reunión de cadetes en las plazas buscando lugares de descanso, y también otras formas de relaciones humanas, porque los clientes están en una situación de juzgar, de calificar el servicio, lo cual luego incide en el algoritmo", resume la economista Scarione Avellaneda y apunta que en un contexto de economía de plataformas, "la nueva forma en la que se reinventa el capitalismo para que los grandes grupos obtengan ganancias", los Estados quedan relegados. Aunque de momento hay discusiones al respecto en otros países e incluso en España se aprobó en 2021 la denominada Ley Rider, pionera en reconocer presunción de laboralidad a quienes ejercen este oficio. A sol, y a sombra.
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