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EDUCACIÓN
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04·Educación

Tres internos de Villa Urquiza contaron sus experiencias con las distintas instancias de educación en contexto de encierro

Lo hicieron en el marco de la presentación del proyecto "Tertulias dialógicas literarias. "Amigarte con la lectura te ayuda a tener paz con vos mismo".

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Tres internos de Villa Urquiza contaron sus experiencias con las distintas instancias de educación en contexto de encierro
Tres internos de Villa Urquiza contaron sus experiencias con las distintas instancias de educación en contexto de encierro

Resumen para apurados

Una frase circula entre quienes trabajan en contextos de encierro: la educación no espera a que termine la condena para empezar a transformar. En el penal de Villa Urquiza, tres internos lo confirman desde su propia experiencia. El jueves se llevó a cabo en ese lugar el lanzamiento del proyecto Tertulias Dialógicas Literarias: "Música y Literatura", un propuesta pensada dentro del marco del Plan de Alfabetización Jurisdiccional y del fortalecimiento de los aprendizajes y de las prácticas de oralidad, lectura y escritura. Este año, las tertulias tomaron como eje temático el Martín Fierro, de José Hernández. En ese marco, LA GACETA conversó con internos que participaron del evento, sobre lo que implica para aquellos la educación.

Eduardo Quintero (61 años) hizo talleres de radio y cultura. Además, tiene un programa en Radio Universidad, que se hace desde dentro del penal. El ciclo se llama "Atravesando muros", y puede oírse desde las 19 de los sábados, por FM 94.7. En particular, es responsable de una columna titulada "mensaje de esperanza". "En estos lugares la esperanza es algo que se necesita de sobremanera", dice.

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Si bien nació en Tucumán vivió por un tiempo en Mar del Plata. Desde allí estuvo a punto de ser enviado a Malvinas. Si bien había hecho carrera dentro del ejército, en algún momento consideró que había perdido su vocación; largó eso y se dedicó a estudiar y a trabajar. Regresó a la provincia a los 32 años. "Dentro del penal me recibí de instalador electricista, y estudié computación. También participé en radioteatro, y en distintos talleres; y fui el entrenador del equipo de básquet del penal. A su vez, pertenezco a la religión de María, dentro de la iglesia católica", cuenta.

En el mediano plazo tenga quizá la posibilidad de salir. "Es algo que no lo manejo; ni siquiera los jueces o el servicio: lo maneja Dios, por algo él me puso acá. Y trato de hacer las cosas lo mejor posible, y de brindarme siempre al prójimo", dice.

Federico Alpire (34 años) es profesor de inglés y cantante lírico. En el penal se desempeña como bibliotecario, tanto en la biblioteca del interno como en la de la escuela de Oficios General Belgrano. A poco de ingresar empezó a cantar en la iglesia católica; luego se sumó a la escuela; primero como alumno y después como docente. Su mirada sobre la educación es la de alguien que la vive desde los dos lados del pupitre: "La educación nos ayuda a seguir creciendo, y es una gran herramienta a la hora de la reinserción social".

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Cuenta que suele motivar a los internos a que se acerquen a la escuela. "Algunos muestran resistencia; y no hay que obligarlos, sino conducirlos, y mostrar las posibilidades, mostrar que el camino es estudiar", explica. De hecho, cuenta el caso de un integrante del coro que no sabía leer ni escribir, pero que tenía una memoria notable; y ese talento fue, en sus palabras, "el catalizador" para que el hombre se acercara a la escuela.

Más allá de las herramientas que da la educación, Alpire destaca otros beneficios de acercarse a la escuela para los internos: "La posibilidad de sociabilizar entre nosotros, de encontrarnos con personas que tienen el mismo gusto, de hacer amigos. El grupo de lectura te lleva a sentirte contenido, sostenido en muchos momentos difíciles; y más en un contexto de encierro. Y amigarte con la lectura te ayuda a tener una paz con vos mismo".

Hoy estudia Derecho y le queda poco para salir. Su abogado lo incentivó: "Salís y ya sabés dónde tenés que venir".

Agustín Peralta se recibió en febrero de pedagogo social, una carrera que pudo encarar gracias a la oportunidad que le dio el Servicio Penitenciario. También estudia Derecho, aunque debió pausarlo para terminar la otra carrera. En la escuela ya completó varios proyectos formativos; entre otros, albañilería e instalaciones sanitarias. Habla de compañeros que llegaron sin la primaria o la secundaria terminada y que adentro del penal pudieron concluirlas. "Les agradecemos a los docentes por esto que nos brindan, para que podamos encaminarnos y tener una oportunidad", dice. Y admite que su inicio fue duro: "La primera vez me sentí un poco raro, porque no sabía cómo encarar la educación en este lugar; no sabía los tropiezos que podría tener, y que finalmente tuve, y muchos. Pero los docentes nos dieron ese empujón para seguir".

Tres recorridos distintos convergen en una misma certeza: aprender no es solo una llave para el afuera. Es, también, una manera de ocupar con sentido el tiempo dentro, de construir vínculos en medio del aislamiento y de sostener una identidad que no se reduce a la condena.

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